Palermo rompió la calma de Boca y reavivó el fuego de la interna: aprovechó la sanción a García para caerle con todo a Riquelme. Una guerra hasta el último día…
A veces, sobre todo cuando habla, parece que Martín Palermo se estuviera yendo del club desterrado, no por voluntad propia como se va. El Loco actúa como esos jugadores que ven la roja y, enceguecidos, quieren llevarse a un rival en un último acto que lo redima de la derrota. El quiere arrastrar a Riquelme, sacarlo del club, como si no soportara que su enemigo íntimo vaya a reinar en soledad en el trono que (no) supieron compartir.
Ayer, varios días y un triunfo después (un triunfo que llenaba de tranquilidad y de buenas expectativas a Boca), salió a avivar un fuego que se extinguía, el de la sanción a Javier García. No tanto para caerle al arquero, culpable de haber faltado a una norma de convivencia -dejó la concentración sin autorización para acompañar a su amigo Riquelme a hacerse estudios-, sino para marcar al 10 como la raíz maligna que se come a la buena hierba. “En todo grupo hay un régimen de convivencia que se basa en el respeto. Y acá no hay que caerle solamente a Javi, con el que tengo la mejor relación: hay cosas que vienen pasando y si uno no les pone un corte, los chicos toman los malos ejemplos”, dijo el Loco por La Red, uno de sus más habituales canales de comunicación. Y usó casi las mismas palabras que Riquelme para decir exactamente lo contrario. Román había dicho que de García tomaba exposición porque “es amigo de Riquelme”, como si esa relación lo perjudicara bajo la mirada de los medios que no le son afines. Palermo dice que a esto se llegó “más allá de todo, por la relación que tiene García con Riquelme”. Traducido: si el castigo hubiera sido para otro, nadie -nadie de los medios que mantienen cierta relación con el 10- habría chillado. Así están las cosas en una interna que hasta involucra medios en general y periodistas en particular. Nada nuevo en el Mundo Boca.
Por lo demás, Palermo avaló la sanción y las muestras de autoridad de Falcioni: “Vengo escuchando hace tiempo que se pide un técnico que imponga autoridad en el vestuario, que ponga límites porque el vestuario está mal y hay que ordenarlo. Ahora, cuando un técnico toma las decisiones, ¿por qué se lo castiga? Esta fue una decisión del entrenador y punto”, dijo.
Tal vez, su cercanía con el retiro lo habilita a soltar la lengua hasta el punto de admitir que “en el 2000 estábamos todos peleados e igual se ganaba”. Y a aclarar que eso ocurría porque “nadie faltaba a esas normas de convivencia”.
En el marco de su discurso como referente, marcó aquella época como un momento en el que “se respetaba al compañero, al que estaba enfrente y a los más grandes”. De aquellos días de principio de milenio se recuerda cómo él mismo intercedió sin éxito ante Bianchi para que su amigo Guillermo jugara la final de la Intercontinental en una actitud que no asomó como muy respetuosa hacia el Chelo Delgado, amigo de Riquelme, quien finalmente fue titular.
Unos años después, el mismo Palermo fue acusado de conspirador por el Chino Benítez, quien lo culpa de haber socavado su poder desde el instante en que le tocó ser suplente. Y, ya más cerca en el tiempo, el Loco le hizo un desplante público a Alves cuando lo sacó en un partido contra Chacarita.
Palermo también pidió que los problemas “no trasciendan para que no se genere lo de la semana pasada”. Pese a su experiencia, quizá no notó que estaba haciendo exactamente lo contrario. ¿O sí?
Fuente: Olé