Lenta pero incesantemente, el arco más radicalizado del Gobierno va copando lugares en los puestos clave del gabinete nacional. En tal sentido, silenciosa, pero eficazmente, los funcionaros “menos peronistas” van opacando la acción de los denominados “moderados”.
¿Quiénes son los que conforman el “ala dura” oficial? En primer lugar, un histórico compañero del matrimonio Kirchner, el secretario de Legal y Técnica, Carlos “Chino” Zannini, quien gusta hacer dupla hoy con el ascendente “número dos” de la Secretaría de Inteligencia, Francisco “Paco” Larcher. A estos debe sumarse la acción de la ministra de Seguridad, Nilda Garré; el secretario general de la Presidencia, Oscar Parrilli; el secretario de Medios, Juan Manuel Abal Medina; el diputado “todoterreno” Carlos Kunkel y las referentes de Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, Hebe de Bonafini y Estela de Carloto respectivamente.
Pero por sobre todos los mencionados, hay que destacar la creciente acción de La Cámpora, grupo liderado por el vástago presidencial, Máximo Kirchner. Este último es el responsable de que Cristina finalmente haya aceptado ir por su propia reelección y hasta que se hable de una eventual reforma de la Constitución Nacional para que la mandataria aspire a continuar más allá de 2015.
En ese marco, pocos saben que el poder de influencia de La Cámpora sobre la mandataria es casi total: por caso, son los únicos que tienen acceso directo a su despacho, sin pasar por el filtro de sus asesores. A sabiendas de ese influjo, los jóvenes —y no tan jóvenes— de esa agrupación intentan en estas horas convencer a Cristina de que rompa definitivamente con el peronismo tradicional a efectos de mostrar un gesto de corrimiento a la izquierda.
En realidad, sería una vuelta a sus propias bases, ya que el kirchnerismo nació como un movimiento “superador” del justicialismo y hasta se dio el lujo de despreciar en sus comienzos la tradicional liturgia del PJ. Baste recordar que el hoy jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, recomendó oportunamente al hijo del Hugo del Carril que se meta la “marchita peronista en el c…”.
Como se dijo, los capitostes de La Cámpora han aconsejado a Cristina que rompa con el PJ bajo argumento que el “arco progresista” del electorado sería muy superior al peronista, ilusionándose con que la Presidenta le disputaría votos a espacios como el de Pino Solanas. En realidad, hay una base para esas especulaciones: fuentes oficiales de Buenos Aires hablan de una encuesta de Julio Aurelio que reflejaría el visto bueno de la sociedad respecto del eventual corrimiento K a la izquierda.
Como sea, la fuerte gravitación de los fundamentalistas K frente al ala moderada del Gobierno —encabezada por el hoy devaluado Julio de Vido—, han llevado a Cristina a armar una batería de medidas que gradualmente se irán dando de cara a octubre para ralear de poder a los funcionarios menos ortodoxos.
De hecho, algunos de esos gestos ya han ocurrido y tienen que ver con el esmerilado de gravitación a personas hoy mal vistas a nivel social como Aníbal Fernández y Ricardo Echegaray. En el primero de los casos, Cristina ha ido erosionando el poder del jefe de Gabinete a través de la quita de potestades —ayer mismo por la mañana se ha “evaporado” por decreto una secretaría que dependía de su gestión—; respecto al titular de la AFIP, se ha decidido disolver la ONCCA —la cual estaba a cargo de personas de su total confianza— y se le ha quitado a Echegaray protección oficial respecto a los expedientes judiciales que investigan los irregulares subsidios a feed lots de su propia familia.
En relación inversamente proporcional, los jóvenes de La Cámpora van adquiriendo más y más poder, logrando acomodarse en los lugares más relevantes del Estado, especialmente los vinculados a la comunicación: en lugares como Canal 7 y Télam. No es casual, ya que estos serán los responsables de llevar adelante una titánica tarea de cara a octubre: intentar imponer la imagen de Cristina como única depositaria del progresismo nacional y como continuadora de su propio “modelo”.
Para ello, se ha comenzado a trabajar en toda una ingeniería mediática descomunal, que pondrá su énfasis en la propaganda a través de los medios del Estado —en realidad, los propios y los “alineados”—, la cartelería pública y la “operación Clamor” por parte de referentes oficiales.
¿Qué es la operación Clamor? La antiquísima estrategia de hacer pública, a través de terceras personas, la necesidad de medidas que supuestamente beneficiarían a la sociedad pero que en realidad dan impulso a un deseo oficial. Un dato: todos los gobiernos, más allá de su signo político, han hecho uso de tan eficaz herramienta.
En este caso, la estrategia ha dado comienzo merced a los buenos oficios de la diputada Diana Conti, quien hizo público que “a todo el kirchnerismo” le gustaría que “Cristina sea candidata”, argumentando que “es la continuidad de lo que se viene haciendo, es el nuevo modelo en donde Argentina tenga condiciones igualitarias”.
En tal sentido, admitió que sería conveniente «una reforma constitucional» para posibilitar la continuidad de la Presidenta “por muchos años”.
¿Fue casual el comentario? ¿Desconocía el oficialismo que Conti diría esas palabras? Para nada. No hay frase, comentario o idea que no sea evaluada a nivel oficial antes de ser dicha por cualquier funcionario del Gobierno, sea este de primera, segunda o tercera línea.
Esa suerte de “cerrazón” que siempre ha existido en el seno del Gobierno, se ha endurecido en los últimos meses luego de la desaparición física de Néstor Kirchner y a raíz del acumulativo poder de su hijo Máximo, mucho más desconfiado que su padre, por cierto.
Hablando de Néstor, ha sido él quien sostuvo en el tiempo esa especie de pacto con el peronismo —no por convicción sino por necesidad— a efectos de contener a los barones del conurbano bonaerense que jamás perdieron diálogo con el duhaldismo.
Ahora, con la ausencia del ex mandatario, se derribó la única excusa que quedaba en pie para seguir sosteniendo esa sociedad a la que Cristina siempre consideró como “hipócrita”.
En fin, para poder lograr su cometido, las armas más poderosas con las que hoy cuenta la Presidenta son cuatro: el apoyo de agrupaciones como Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, la avanzada de La Cámpora sobre nichos de poder oficial, el adelantamiento de elecciones en provincias afines a Casa de Gobierno —que traccionará intención de voto de cara a octubre— y puntuales carpetas aportadas por el espía Larcher conteniendo los secretos más inconfesables de los capitostes del PJ.
Con todo ese “armamento” a cuestas, en Balcarce 50 aseguran que Cristina sería imbatible en octubre.
Christian Sanz
Especial para MDZ On Line