En el documento del Episcopado se indica cómo tratar a las víctimas y a los sacerdotes denunciados.
En línea con el pedido del papa Francisco acerca de «erradicar de la Iglesia el flagelo del abuso sexual de menores», la Conferencia Episcopal Argentina (CEA) difundió un protocolo interno para orientar a los obispos sobre cómo actuar en los casos de denuncias a clérigos, en sus respectivas jurisdicciones.
El documento, un manual de conducta que hace recomendaciones a los sacerdotes, fue pensado por docentes de la Facultad de Derecho Canónico de la Universidad Católica Argentina (UCA) y especialistas en derecho penal y civil y en psicología, que fue enviado previamente al Vaticano para su aprobación.
«Las víctimas presuntas o comprobadas de abusos sexuales y sus familias han de ser recibidas y escuchadas personalmente -y con caridad pastoral- por los obispos y superiores mayores de institutos de vida consagrada y sociedades de vida apostólica.»
«Se trata de una tarea delicada que requiere una particular atención en virtud de la gravedad de la cuestión y también por las intensas reacciones afectivas y emotivas que causa», dijo monseñor Carlos Malfa, secretario general de la CEA, ayer, durante la presentación del documento. «No se cansen de escuchar ni nieguen nunca esta posibilidad», insistió.
El protocolo detalla los aspectos jurídicos sobre este tipo de delitos y repasa qué hacer en las distintas etapas.
En cuanto a la manera de tratar a los sacerdotes que sean denunciados establece: «Si un clérigo es acusado de abusos sexuales, el ordinario velará para asegurar que sea tratado con prudencia y caridad fraterna, siguiendo la normativa canónica y secular, y respetando tanto sus derechos, como el derecho de todos, y el bien común de la Iglesia».
Ante las denuncias
«En todos los casos, permanece firme el principio según el cual el clérigo acusado o denunciado goza de la presunción de inocencia, mientras no haya sido condenado con sentencia firme, sin perjuicio de las facultades del ordinario de limitar de modo cautelar el ejercicio del ministerio, en espera de que las acusaciones sean comprobadas o desestimadas mediante el oportuno procedimiento», agrega.
En los últimos años, la Iglesia reconoció explícitamente este tipo de delitos en su interior. Juan Pablo II puso luz sobre el tema mediante el motu proprio Sacramentorum sanctitatistutela, del 30 de abril de 2001. Benedicto XVI reconoció públicamente que hubo «actos criminales e inmorales» por parte de la Iglesia hacia la comunidad irlandesa, donde más de mil personas dieron testimonio sobre casos de abusos por parte de sacerdotes en instituciones infantiles.
El papa Francisco dio un mayor impulso al tema cuando, en abril del año pasado, pidió «perdón por los abusos sexuales», durante un encuentro sobre infancia en Roma.
«Me siento interpelado a hacerme cargo de todo el mal que [hicieron] algunos sacerdotes, bastantes. Bastantes en número, no en comparación con la totalidad. Hacerme cargo de pedir perdón del daño que han hecho por los abusos sexuales de los niños. La Iglesia es consciente de este daño. No vamos a dar un paso atrás en lo que se refiere al tratamiento de estos problemas y a las sanciones que se deben poner, al contrario. Creo que debemos ser muy fuertes. Con los chicos no se juega», declaró.
En este sentido, la Iglesia argentina insistió en la presentación del documento: «Debemos tener la valentía, como lo hizo el papa Francisco, de pedir perdón»..
Fuente: La Nacion