La iniciativa 101 Soluciones invitó a sumar propuestas de políticas para el desarrollo sustentable; los resultados
Desarrollar un esquema de acciones encadenadas que logre que haya, a la vez, menos basura y más inversión productiva. Definir nuevas figuras jurídicas para abarcar a empresas que demuestren tener una mirada comprometida con lo social y una forma de hacer negocios que vaya más allá de su objetivo de rentabilidad. Estar amparados por un Estado que, en sus diferentes niveles, promueva una economía con empresas, emprendedores y consumidores conscientes de los efectos de sus conductas.
Esos y muchos otros objetivos y proyectos están expresados en las más de 120 ideas para una economía sustentable, inclusiva e integradora, que reunió hasta el viernes pasado la plataforma101soluciones.org, lanzada dos meses atrás por iniciativa de las organizaciones Socialab, Ashoka, Fundación Avina, Sistema B y LA NACION, en asociación con el Centro de Innovación Social de la Universidad de San Andrés y el Banco de Desarrollo de América latina y con el apoyo de Natura y la Fundación Danone.
La iniciativa, que ahora pasará a la etapa de organización de las ideas para publicarlas en un libro que se le entregará a los candidatos a presidente de la Nación, se propone instalar el tema en la agenda pública. «Son cientos las empresas que utilizan la fuerza y las herramientas del mercado para resolver problemáticas sociales y ambientales de la comunidad, recuperando la centralidad de la persona en la economía; es fundamental pensar en políticas públicas que acompañen la transformación para darle escala y sustentabilidad a la nueva economía», dice, consultada por LA NACION, Florencia Locascio, del Programa Internacional sobre Democracia, Sociedad y Nuevas Economías de la UBA, y de la Asociación de Economía de la Comunión.
Completa el concepto Paula Cardenau, cofundadora de la incubadora de emprendimientos Njambre, al decir que las empresas sociales o de triple impacto (social, medioambiental y económico) tienen un enorme potencial para generar soluciones sustentables. «Tenemos que ser capaces de cuidar esas semillas, nutrirlas, protegerlas y acompañarlas para que crezcan, y eso se logra a partir de un ecosistema maduro que las acompañe: legislación adecuada, acceso a financiamiento flexible, incentivos, instituciones de apoyo», afirma.
El esquema participativo de la convocatoria fue un punto valorado por quienes se sumaron. «Somos todos ciudadanos de este mundo y tenemos una responsabilidad compartida en el cuidado de la vida», reflexiona Juan Cruz Zorzoli, director de Amartya, empresa social dedicada a la educación para la sustentabilidad. «Vivimos aceleradamente una redefinición de lo que es una empresa y para qué existe», agrega Julián Costábile, director de Sustentabilidd en la consultora SMS Latinoamérica, quien cree que los emprendimientos de impacto tienen doble efecto: lo que generan por sí mismos y lo que inspiran a hacer a las grandes empresas.
A continuación, y organizadas en grupos temáticos, una breve síntesis de las ideas volcadas en la búsqueda de 101 Soluciones, una iniciativa que lleva un número para que el lema de la actividad puede leerse en primera persona bajo el signo del compromiso: Siento una nueva economía.
PRIMERO, ORGANIZARSE
Varias propuestas apuntan a la definición de esquemas legislativos y formas jurídicas para las unidades de producción. Las empresas de triple impacto, por ejemplo, hoy no tienen un encuadre legal adecuado, y los fundamentos de las iniciativas sobre este punto mencionan que es necesario contemplar el propósito ampliado de las compañías, para dar certeza jurídica sobre lo exigible de los propósitos sociales y ambientales. «A partir del triple impacto se redefinen los deberes de los administrativos para responder a los intereses de los accionistas», se explica. También se propone poner foco en formas jurídicas ya activas, como las cooperativas: la Red de Innovación Local destaca la necesidad de apuntalarlas con capacitación. La quita de trabas burocráticas, por otra parte, es un objetivo que persiguen proyectos como el de un mecanismo para formalizar la creación de empresas en sólo un día, expresado por Álvaro Bronstein, CEO de la empresa social Emprediem Argentina.
MÁS Y MÁS EMPLEO
Uno de los temas más repetidos es la búsqueda de alternativas para promover la creación de empleos, principalmente para los segmentos con mayores dificultades de inserción, sea por la pobreza o por condiciones como la discapacidad. Para incluir a jóvenes que no estudian ni trabajan, el consultor Ángel Paz sugiere que el camino es complementar planes de capacitación, algunos ya existentes, con las microfinanzas, en un camino con al menos tres etapas: identificar a estos jóvenes; enseñar oficios y acompañar en la puesta en marcha de emprendimientos, y dar apoyo financiero. Otras iniciativas están referidas a encarar un estudio para el mejor conocimiento de las personas que cobran planes sociales, con la meta de dirigir esfuerzos a la integración de fábricas, talleres o cooperativas.
La creación de una cooperativa de logística impulsada por el Estado para transportar productos de pequeños productores del interior del país; la conformación de polos orgánicos productivos dirigidos a ese segmento, y una nueva ley sobre trabajo textil a domicilio son otras ideas tendientes a crear condiciones para el empleo.
ACERCAR CAPITALES
«Tanto a personas como a organizaciones que integran la economía social y solidaria en la Argentina, les resulta dificultoso acceder a financiamiento continuo y adecuado a sus características», dice Magdalena Frigerio, del grupo Profaess (dedicado al estudio de alternativas para capitalizar emprendimientos sociales). La frase es parte del argumento de una de sus propuestas para que se regulen formatos que sean la vía de acceso al dinero y, a la vez, opciones válidas para ahorristas. Este objetivo también está presente en la idea de conformar una banca ética como la que existe en países de Europa; se trata de un sector bancario que observa, para definir a quién prestar, cuáles son los efectos que generará en la sociedad el uso del dinero. Con estas entidades, explica Locascio -que cree que los bancos estatales deberían adoptar esta figura- habría una exigencia de rendir cuentas sobre temas socioambientales. Para Costábile, la promoción de las finanzas sustentables debe incluir incentivos a bancos, fondos de inversión y a ahorristas, para que se dirijan recursos a sectores prioritarios de la nueva economía: la reducción de encajes bancarios y de cargas regulatorias y fiscales son algunas de las medidas sugeridas.
BASURA NO, INSUMOS SÍ
Ir hacia una «economía circular» es lo que propone Zorzoli, en referencia a un esquema de producción que procure eliminar el concepto de basura para incorporar, a la cadena de valor de la industria, el uso de materiales que hoy se descartan tras la vida útil de un producto. Para eso, dice, podría promoverse una ley que con objetivos hacia 2030 contemple un plan estratégico con participación de múltiples actores sociales, incentivos impositivos y financieros, apertura y creación de nuevos mercados y capacitación en empleos verdes. Entre otras iniciativas vinculadas a reducir la contaminación desde esquemas innovadores de producción, están la de armar una red de compostaje (conversión de basura en tierra) y la de crear registros municipales de determinados residuos, como el aceite de los restaurantes, para facilitar luego una cadena de trabajos que terminen en su reutilización. También se plantea encarar un debate sobre la forma en que las empresas se hagan cargo de los efectos producidos en el ambiente (tasas por gestión de residuos, por ejemplo).
EL INCENTIVO FISCAL
La diferenciación del peso de las cargas impositivas según el tamaño de la producción es uno de los ejes en las ideas vinculadas con este tema. Se plantea, por caso, la devolución total o parcial de IVA a consumidores según su nivel de ingresos bajo un esquema de «inteligencia fiscal»; una adecuación del monotributo social y una exención impositiva a las microempresas durante su primer año de vida. Además, se sugiere que se beneficie con alguna exención a las firmas que demuestren que entre 1 y 5% de sus proveedores son empresas con impacto social y ambiental.
EMPRENDEDORES SOCIALES
En la Argentina hay muchos emprendedores que buscan salir adelante desde una economía de subsistencia. Valeria Fernández Saavedra, de la asociación civil De Puertas Abiertas, propone una tarea para municipios, que comience por listar a estas personas, que siga con la organización de un registro y que se traduzca luego en políticas: exención impositiva temporal para la posterior incorporación al monotributo social; flexibilización de permisos para pequeños locales, y exención de Ingresos Brutos. Otra iniciativa implica un compromiso por parte del Estado y grandes empresas en el padrinazgo de micro emprendimientos en pueblos de menos de 10.000 habitantes.
QUÉ Y CÓMO CONSUMIMOS
La responsabilidad del consumidor resultó ser otro eje de las ideas. Una necesidad expresada es la de contar con esquemas de difusión sobre conductas sustentables y sobre empresas y emprendimientos conscientes y responsables. Se propone elaborar un índice de sustentabilidad de productos y empresas, para que quien compra sepa cómo fue el proceso de producción. Como una manera de involucrar a quien consume también desde su bolsillo, otra idea se refiere a la «factura verde», que incluiría -a voluntad del comprador- un 5% del monto para ser destinado a proyectos solidarios.
EL ESTADO COMPRADOR
Priorizar en las compras o contrataciones del sector público a las empresas que provoquen efectos positivos es el concepto común en las propuestas sobre este tema. Un puntaje para las licitaciones públicas que explicite cuál es el grado de compromiso de cada empresa es lo que propone Fátima Ochoa, de Socialab. Hay quienes advierten, además, que el criterio del menor precio debería conjugarse con el de triple impacto.
TODO LO QUE RODEA
Varios criterios expresados al explicar las ideas e incluso algunos proyectos en sí mismos están referidos a la necesidad de un contexto macro que facilite el crecimiento económico sostenible. La estabilidad en las políticas y la búsqueda de consensos figuran entre las condiciones necesarias. Y, a la vez, hay varias referencias al marco teórico de la economía sustentable, que entre otros conceptos, recuerda siempre que el centro de todo debe ser la persona..
Fuente: La Nacion