NADA ES GRATIS

En estos momentos déficit nacional se estima en 7 puntos de producto bruto interno. Una verdadera enormidad que, como decimos, se paga con deuda o con emisión de moneda sin respaldo, es decir con inflación.

Por: Héctor Blas Trillo

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Digámoslo de una: nada es gratis, muchachos. Todo tiene su costo.

Nuestra Constitución habla de la educación primaria, gratuita y obligatoria. Esta se ha hecho extensiva a la educación secundaria. Nos parece muy bien, la educación están en la base del progreso de cualquier comunidad. Pero no es gratis.

No voy en este comentario a atosigar a nadie con números, solamente nos limitaremos a señalar cuestiones que consideramos fundamentales pero que por ahí la gente del común no toma en cuenta.

Y por ahí no las toma en cuenta porque los políticos y la política en general desvía la atención sobre este punto.

Por ejemplo el denominado «Fútbol para todos» cuesta una millonada. Encima carece publicidad privada que podría ayudar a paliar el costo, excepto una conocida marca de camiones. El resto, como se sabe, es propaganda política del partido gobernante. Lo cual dicho sea de paso es bastante poco democrático. Por no decir que es fascista.

El Estado Nacional dedica algo así como 6 puntos de producto bruto interno a la denominada educación pública. Más allá de los desastrosos resultados en el rubro, como puede comprobarse cada vez que estudiantes argentinos participan en pruebas internacionales, lo cierto es que el costo de «educar al soberano» es inmenso.

Si vemos la cuestión por el lado de los subsidios tenemos que desde hace ya varios años se subvencionan las tarifas de electricidad, de gas y de agua domiciliarios. Esto significa que se cobran tarifas insuficientes (denominadas comúnmente «políticas» en la jerga). Quién paga la diferencia: el Estado. Y como el Estado está literalmente quebrado, muchas veces tal diferencia no se paga, por lo que se desinvierte y se deterioran los servicios.

Así nos quedamos sin gas, sin electricidad, sin combustibles. Así vienen los cortes de luz, tanto en invierno como en verano. La falta de gas domiciliario. La necesidad de importar energía por valores estrafalarios.

Entonces: no es que se pagan menos tarifas pero se siguen manteniendo los servicios igual o mejor. Al contrario. Los servicios se deterioran, la gente sale a protestar, corta calles, avenidas o lo que sea. Se arman piquetes absolutamente inútiles porque lo que falta es inversión.

Y falta inversión porque las tarifas han sido insuficientes, y encima lo han sido durante varios años.

Tan simple como eso.

El Estado financia los servicios, los subsidia. Lo hace con lo que se recauda de impuestos. O lo hace con endeudamiento. O lo hace con emisión de moneda sin respaldo. No hay misterios.

El «Fútbol para todos»· es tal vez el ejemplo más dramático, porque claramente se trata del uso político del deporte más popular, que se carga así de propaganda casi pornográfica sobre supuestas bondades del gobierno de turno. Ni siquiera se intenta vender publicidad a empresas que con gusto la pagarían, para por lo menos minimizar el gasto. No está demás recordar que la idea original era justamente esa, al menos la que se transmitió públicamente. Lograr que el «Fútbol para todos» fuera superavitario gracias a la publicidad y a la venta al Exterior de las transmisiones.

En estos momentos déficit nacional se estima en 7 puntos de producto bruto interno. Una verdadera enormidad que, como decimos, se paga con deuda o con emisión de moneda sin respaldo, es decir con inflación.

Los políticos por su parte se limitan a culpar a los empresarios, a las «corporaciones» a los «medios» o a magoya. Pero la verdad es que el gasto en el que se incurre debe ser pagado por todos nosotros.

¿Acaso la inflación no es una forma de «ajuste»? Esta palabreja (ajuste) ha sido politizada, vilipendiada, demonizada por sucesivos políticos y politicastros. Pero la pérdida de valor de la moneda a razón de un 30% por año, hace que los salarios se deterioren en ese porcentaje, hasta que finalmente vía paritarias se recuperan. Sí, se recuperan, pero lo perdido perdido está. ¿O no?. Sin embargo nuestros beneméritos funcionarios, empezando por el ministro Kicillof, se llenan la boca criticando aquel quite del 13% de los salarios públicos en tiempos de De la Rúa. Realmente tragicómico.

Pero, para no hacerla más larga y repetir lo que tantas veces hemos dicho sobre la inflación, la falta de referencia monetaria, las tasas de interés exorbitantes, la falta de crédito a largo plazo para la compra por ejemplo de una vivienda, la evidente necesidad de proteger los ahorros comprando dólares o lo que sea, tiene una sola y única causa: el gasto excesivo que se cubre con emisión de moneda sin respaldo, lo que provoca inflación y por lo tanto hace que la moneda argentina no sea confiable para nadie.

¿Alguien toma nota de este inmenso daño que se hace a los argentinos y del cual una y otra vez se culpa a empresarios, a «buitres», a «corporaciones» y hasta a políticos opositores?

O el Estado reduce su gasto, o aumenta su ingreso. Y si no ocurre alguna de estas dos cosas, se endeuda, como está haciéndolo en estos días. O emite moneda y genera inflación, como también está ocurriendo.

Y luego intenta contener los efectos con «planes» ridículos de «precios cuidados», leyes de «abastecimiento», persecución a comerciantes y otras lindezas propias del recordado Duce.

La fiesta se paga. Se paga acá y se paga en Grecia. Se paga en todas partes.

Mientras esto no se entienda, seguiremos penando por un crédito «blando», `o por un «ahora 12», que también se paga. Y se paga de la misma forma: con endeudamiento, con emisión de moneda sin respaldo, con inflación.

Así son las cosas. Nada es gratis, señoras y señores.

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