Festival de cepos: los límites como un elemento sustancial del modelo

Los cupos a la compra de dólares son el cepo más conocido, pero no el único; importar, exportar, fijar precios, girar utilidades…, casi todo está hoy afectado por las restricciones que impone el Gobierno.

Pirro, el rey guerrero de Epiro, en el oeste de Grecia, entraría en la historia por un logro que, entre los años 280 y 275 a.C., sería al mismo tiempo éxito y fracaso: ganar más de una batalla a los romanos, pero a costa de la pérdida de miles de soldados y sin que la proeza se tradujera en nuevos territorios ni, mucho menos, en la derrota definitiva de los vencidos. Se trata de la «victoria pírrica», aquella que, aunque se obtenga, es insuficiente, metáfora muy usada en el deporte y la política. En la Argentina actual, quizá también haya que aplicarla a la economía.

El cierre total o parcial de las exportaciones, las retenciones, los límites a la compra de dólares, los controles de precios, los techos en las negociaciones salariales y las trabas al giro de utilidades de las empresas extranjeras son algunos de los cepos con los que el Gobierno está convencido de que combatió exitosamente la fuga de capitales, la caída de las reservas del Banco Central , el alto precio de los alimentos y la disparada de la inflación.

Pero si en Pirro el éxito fue un dato objetivo, en el caso argentino los resultados concretos son mucho menos claros. Las medidas restrictivas desencadenaron otros males, como la fuerte baja de las ventas al exterior, el freno en la actividad industrial o el retroceso del mercado inmobiliario. Aunque fue algunas semanas antes de asumir, podría decirse que Cristina Kirchner inauguró su segunda presidencia, en 2011, instalando el más famoso de los cepos, el cambiario , y ahora la está terminando con unos cuantos más.

Cepo para exportar. Con el objetivo declarado de «proteger la mesa de los argentinos», el Gobierno cerró total o parcialmente, mediante cupos, exportaciones del campo como la carne, el trigo y el maíz, para obligar a los productores a vender en el mercado interno a un precio menor que el que podrían obtener exportando el producto.

«En la carne, el cepo se ve en el mercado interno, en los precios que imponen al producto a la salida del frigorífico y en las baratas [partidas de carne a bajo precio] obligatorias», dice Ernesto Ambrosetti, economista de la Sociedad Rural Argentina (SRA). «En trigo se ve al obligar a los productores a quedarse con el grano en el campo cuando podrían exportarlo y sacarle un precio mucho mejor.» También lo padecen los lácteos. «El Estado fija el precio al público a la salida de fábrica para 13 productos que están en el programa Precios Cuidados -prosigue Ambrosetti-, lo que genera pérdidas a los proveedores de los supermercados, los híper y almacenes, que se traducen en que le bajen el precio al productor.»

La Argentina vendió al exterior 297.092 toneladas de carne bovina en 2009 contra 139.021 en 2014

El resultado: en los últimos años, más allá de las oscilaciones habituales entre campaña y campaña (que dependen de distintos factores), el país empezó a exportar menos carne, trigo y maíz, y perdió mercados a manos de sus vecinos, como Uruguay y Paraguay. Por ejemplo, según cifras de la SRA, la Argentina vendió al exterior 297.092 toneladas de carne bovina en 2009 contra 139.021 en 2014. También hubo impacto en la producción, que pasó de 3,3 millones de toneladas de res con hueso en 2009, a 2,6 millones de toneladas en 2014, y en el consumo, que bajó de 68,2 kilos por año per cápita en 2009 a 58,9 kilos per cápita por año en 2014, según cifras de la Cámara de la Industria y Comercio de Carnes y Derivados de la República Argentina (Ciccra).

En cuanto al objetivo declarado de contención de los precios internos de los productos de la agroindustria, es por lo menos discutible: el último informe de la entidad señala que entre agosto de 2009 y mayo pasado el precio promedio de la carne vacuna pagado por el consumidor acumuló un aumento de 411,2%.

Cepo para importar. Desde el insólito «uno a uno» del ex secretario de Comercio Guillermo Moreno(por cada dólar de importación, un dólar de exportación), que llevó, por ejemplo, a que importadores de autos tuvieran que exportar miel, maníes o muebles, hasta las declaraciones juradas anticipadas de importación (DJAI, que vencerán en diciembre), pasando por el cupo de divisas para sectores industriales como el de la electrónica de Tierra del Fuego o el automotor, hasta la suba de impuestos internos, el Gobierno buscó desalentar la demanda de dólares de los importadores con distintos instrumentos. En 2012, con las DJAI y el cepo cambiario funcionando a pleno, las importaciones cayeron 7% respecto del año anterior, y el superávit comercial subió US$ 2343 millones contra el de 2011. Pero una leve baja en las exportaciones, de 3%, empezaba a marcar una luz amarilla en la estrategia.

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