Por Jorge R. Enríquez
Las elecciones que en distintos distritos tuvieron lugar el domingo pasado marcaron una clara tendencia favorable a un cambio respecto del oficialismo nacional. Es cierto que no se pueden extrapolar linealmente situaciones locales al ámbito del país en su conjunto, pero cuando los datos son -como los indicios en el proceso penal- «claros, precisos y concordantes» sería necio no advertir la existencia de una corriente general que va gestando nítidamente una alternativa.
Por eso, hay que destacar que en la reciente jornada electoral votó el 21,5 % del padrón nacional, y que mientras Cambiemos (PRO, UCR y CC) obtuvo una contundente victoria alzándose con el 44 % de los votos, el Frente para la Victoria obtuvo tan sólo un magro 24 %.
Solo en La Rioja, y merced al uso del clientelismo en gran escala y una infinidad de listas colectoras que confundían al votante, pudo el kirchnerismo exhibir un trabajoso triunfo, que le permitió a Scioli sacarse una foto con un candidato ganador, aunque se tratara de un distrito de escasa relevancia en términos electorales.
En la Ciudad de Buenos Aires el electorado volvió a respaldar en forma contundente al PRO, que obtuvo el 45,5% de los sufragios. La fórmula Rodríguez Larreta-Santilli se enfrentará en el ballotage con la de ECO, Lousteau-Sánchez, que quedó en el segundo lugar, con el 25,5%. Por primera vez en muchos años, el kirchnerismo, representado por Recalde-Santoro, fue relegado al tercer puesto, con el 21,9.%.
Hubo algunas especulaciones en torno a si Martín Lousteau se presentaría a la segunda vuelta, dada la gran diferencia que mantiene con Horacio Rodríguez Larreta, pero el postulante de ECO aseguró que se mantendrá en carrera. Así lo establece la Constitución porteña. Solo en una oportunidad el segundo se retiró. Fue Domingo Cavallo, cuando Aníbal Ibarra obtuvo más del 49% de los votos.
De cualquier manera, el candidato del PRO aparece como el gran favorito. Está a solo 4,5 puntos del 50% y tiene un electorado muy consolidado. Lousteau debería sumar a casi la totalidad de los votantes de las otras fuerzas opositoras al PRO. Es algo muy improbable. Obtendrá parte de ese caudal, pero otra parte se inclinará por el voto en blanco o se abstendrá de concurrir a votar. Esto solo ya pone a Rodríguez Larreta a las puertas de la Jefatura de Gobierno.
Incluso puede ocurrir que un segmento significativo de quienes votaron el domingo 5 a Lousteau, ante la perspectiva de que un remoto e hipotético triunfo suyo dañe al opositor Frente Cambiemos en beneficio del oficialismo nacional, modifique su voto para favorecer a Rodríguez Larreta.
Paradojas del destino, que se ensaña con los oportunistas: Lousteau depende del voto del kirchnerismo, del cual ahora se confiesa ser enemigo acérrimo, después de haber integrado entusiastamente, su staff ministerial.
Por ello no es extraño que dos activos y tardíos kirchneristas, María José Lubertino y Aníbal Ibarra, salieran a apoyar, en las últimas horas, al ex ministro de Economía.
Las elecciones porteñas mostraron un nuevo método de votación, el de la boleta electrónica. El resultado fue excelente: se vota rápido, con simpleza, el escrutinio es veloz, y se evitan las trampas de las formas tradicionales. Más poder a los ciudadanos y menos clientelismo y corrupción: un anticipo del futuro que queremos.
Viernes 10 de julio de 2015
Dr. Jorge R. Enríquez