WASHINGTON.- Ya se sabe que no es éste un país donde el fútbol se llama fútbol sino soccer y que está muy lejos de ser pasión de multitudes. Pero como pocas veces, lo que sí movilizó emociones fue la escandalosa reelección de Joseph Blatter al frente de la entidad que lo gobierna en el nivel mundial. De hecho, si por algo se ha vuelto popular su rostro y su nombre no ha sido tanto por la administración de esa «organización sin fines de lucro», sino por la sospecha de corrupción que la rodea a partir de los cargos por fraude millonario en dólares que le endosó la fiscal general Loretta Lynch.
No fue tema central en las noticias ni dominante en las conversaciones. Pero el humor quedó patente tanto en la negativa de los Estados Unidos a respaldar la reelección del suizo como en la catarata de expresiones por las redes sociales que condenaron su ratificación. Sin margen para la duda, el presidente de la federación norteamericana, Sunil Giulati, dirigió su voto al jordano Ali bin Al Hussein, pero la intención de catapultarlo en reemplazo del cuestionado Blatter no llegó a buen puerto.
Las redes ardieron con la permanencia de Blatter en la FIFA, con un discurso «demasiado desprovisto» de autocrítica. «¿Alguien entiende lo que está diciendo?», dijeron algunos. «Los que lo abrazan le susurran al oído, como si ya estuvieran pidiendo favores», cuestionó el cantante Josh Groban. «Fue un discurso decepcionante, disperso y que lo mostró como si nada hubiera pasado», censuró Max Bretos, de la cadena deportiva ESPN. Similar carga de emoción aportaron, esta vez, organizaciones de derechos humanos basadas en esta ciudad.
Si algo hizo la investigación de Lynch fue poner en foco «los abusos de que se hace víctima a quienes construyen los abusos en Qatar», señaló Minky Worden, de Iniciativa por los Derechos Humanos (IHR, por su sigla en inglés). «Es vergonzoso que la FIFA ampare todo eso», añadió.
De no haber mediado la investigación judicial, nada de eso hubiese pasado. «Todos los que se quejan de que Estados Unidos actúa como policía extraterritorial deberían, esta vez, agradecerle», disparó ayer un editorial de la revista The Economist. Avalada por la fiscal general Lynch, la investigación seguía ayer su curso en lo que se prevé como un largo recorrido. Mano derecha de Obama para cuestiones judiciales, fue recibida ayer en audiencia urgente en el Despacho Oval.
«Hemos hablado de muchas cosas», contó luego Obama, pero se refirió solamente a una y no tenía nada que ver con la FIFA, sino con una legislación sobre seguridad que tiene a su gobierno a mal traer. Los periodistas que llegaron a hacer alguna pregunta no formularon ninguna sobre la cuestión. Tal vez porque ya saben de mano cuál sería la respuesta: «Eso está en manos de la Justicia y no opinamos sobre investigaciones en marcha», tal como dijo en su momento su vocero, Josh Earnest.
La FIFA no era el tema, pero sí era, en todo caso, la mujer que la tiene en jaque, la implacable fiscal Loretta Lynch. Ella ayer posó junto a Obama mientras, a miles de kilómetros, en el Viejo Continente, su titular era coronado otra vez.
Fuente: Cancha Llena