MADRID.- Ángel María Villar, el presidente de la Real Federación Española de Fútbol (RFEF), tomó el primer vuelo a Buenos Aires cuando se enteró de la muerte de Julio Grondona. «Será poco menos que imposible encontrar otro dirigente de su colosal calado y humanidad», dijo al llegar al funeral.
El zar del fútbol español -26 años en el cargo, inmune a una infinidad de escándalos- perdía a un modelo, pero también a un socio estratégico. La mano del argentino había encumbrado a Villar hasta una vicepresidencia de la FIFA y a su hijo, Gorka, hasta un puesto directivo en la Conmebol. La amistad se extendía a los negocios: durante años la AFA y la RFEF compartieron la empresa comercializadora, Santa Mónica, con sede en España y capitales argentinos.
El estallido de la crisis por los sobornos en la FIFA dejó a los Villar en el punto de mira, incómodos, aunque de momento a salvo de las detenciones ordenadas desde Estados Unidos. El padre -aliado eterno de Joseph Blatter- fue citado por la justicia de Suiza a declarar en la investigación por un presunto fraude en la asignación de las sedes de los mundiales de 2018 (Rusia) y 2022 (Qatar). El hijo, que en diciembre ascendió a director general de la Conmebol, tomó a su cargo gestionar la defensa de los dirigentes sudamericanos presos por coimas en los campeonatos de su región.
Los días de Gorka Villar se volvieron frenéticos. Este abogado, de 39 años, afronta el desafío de escapar de las acusaciones. En los últimos años, Grondona lo tuvo entre sus delegados para los negocios que ahora investiga la justicia. El presidente de la AFA fue quien lo promovió a director legal de la Conmebol en 2011.
Villar es fundador de Sports & Advisers, una empresa de asesoramiento legal que opera en los tribunales del deporte. Defendió, entre otros, al ciclista Alberto Contador y al entrenador Claudio Borghi en procesos internacionales. También ejerce de profesor regular de cursos que organiza la RFEF de su padre.
Como dirigente sudamericano, el año pasado le tocó intervenir en un grave conflicto del fútbol uruguayo, desatado cuando Peñarol y Nacional denunciaron a la Conmebol porque se sentían perjudicados en el reparto del dinero de la televisación de la Copa Libertadores. En una reunión en Punta del Este acompañó al entonces presidente de la Confederación y ex jefe de la asociación uruguaya, Eugenio Figueredo, a negociar con los directivos de los clubes. Finalmente hubo acuerdo, pero del otro lado del río. La paz se firmó en el despacho de Grondona. Éste amenazó a los uruguayos con echarlos de las competiciones si mantenían la querella. Les dijo que no habría cambios en el reparto de fondos ni en el operador televisivo, la empresa T&T, del ahora acusado por la justicia estadounidense Alejandro Burzaco.
«Gorka tenía la máxima confianza de Grondona, que le dio un enorme poder en los temas comerciales y legales de la Conmebol», relata un dirigente de un club de primera de España.
Si quedaban dudas sobre esa relación, las despejó hace dos semanas un hijo del ex presidente de la AFA. Julio Ricardo Grondona contó que había intervenido para atenuar la sanción a Boca por el ataque en el superclásico: «Hablé con la persona indicada, el señor Gorka Villar, que está en la Confederación por mi padre y hoy es el gerente general, además de un excelente abogado, que nos ayuda en la FIFA».
En el ambiente futbolístico de Madrid temieron que los Villar figuraran en la causa estadounidense sobre las coimas pagadas por la empresa encargada de comercializar las próximas cuatro disputas de la Copa América.
Según el expediente, hubo tres dirigentes de la Conmebol que cobraron 3.000.000 de dólares por cabeza por cada realización del torneo: serían Figueredo, Grondona y el presidente de la federación de Brasil, José María Marín. Otros siete directivos de federaciones nacionales se habrían quedado con 1,5 millones cada uno. Y a un misterioso undécimo «ejecutivo de la Conmebol» le habrían tocado 500.000 dólares por cada certamen.
Gorka Villar asumió esta semana la defensa del brasileño Marín y gestionó de urgencia la contratación de un abogado suizo para Figueredo, detenido en la redada de Zurich.
Los directivos españoles, padre e hijo, aparecen mencionados en el libro «The Ugly Game», que reveló la trama de supuestas coimas en la elección de las sedes de los próximos mundiales. A Gorka lo señalan como el hombre que hizo el primer contacto con Mohammed bin Hammam, gurú de Qatar 2022. Ángel habría asumido después las negociaciones. La investigación periodística menciona a él y a Grondona como supuestos beneficiarios de pagos millonarios a cambio de votos.
A Ángel Villar, de 65 años, el escándalo actual lo sorprende sin respaldo político. El gobierno de Mariano Rajoy lo desafió con un decreto que ordena la venta unificada de derechos de televisación y él amenazó con involucrar a la FIFA para que castigue a España por la injerencia política indebida. Su gran enemigo, el presidente de la Liga, Javier Tebas, aprovechó la mala hora para arrojarle ironías: «Es vicepresidente de la FIFA. Si no se entera de nada de lo que ahí pasaba tal vez es un poco torpe».
Su único defensor en público fue el director técnico de España, Vicente del Bosque: «Pongo la mano en el fuego por Ángel», dijo ayer. Son amigos. Incluso compartieron el seleccionado como jugadores en los 70, cuando Villar era un mediocampista recio de Athletic de Bilbao.
Don Ángel extrañará las alabanzas de otras épocas. Acaso nadie como Grondona lo endulzó tanto en público. Ocurrió en una gala en el Club Hípico Buenos Aires, hace cinco años, cuando el argentino le dijo: «Sos un ejemplo. Me declaro admirador tuyo por tu inquebrantable tenacidad, por tu lucha incansable, por tu carácter humilde y austero, por ser un vasco de ley. Al señor Villar lo valoro por cómo es como persona, como amigo, como esposo y como padre».
Fuente: Cancha Llena