El juez federal Sergio Torres procesó a nueve sospechosos que comercializaban droga sintética en grandes encuentros de música electrónica y fiestas en quintas
El lugar de encuentro de los sospechosos era un lubricentro sobre la avenida Warnes, en el límite entre los barrios de Chacarita y Paternal. Antes del último festival de música electrónica Creamfields, hubo varias reuniones en las que se habrían concretado operaciones de venta de droga sintética. La comercialización de éxtasis, entre otros estupefacientes, continuó en una casaquinta donde la banda había organizado una fiesta privada a la que habían convocado por la red social Facebook.
Así, según el juez federal Sergio Torres, actuaba una banda que se dedicaba a la venta de droga sintética en la Capital y el conurbano: después de determinadas fiestas de música como la de Creamfields o Ultra, organizaban encuentros que eran promocionados en las redes sociales, para vender pastillas de éxtasis a 65 pesos las dosis.
La organización narco fue desbaratada en marzo pasado después de varios allanamientos. Uno de los procedimientos fue en Olivos, a sólo 22 cuadras de la quinta presidencial, donde detectives de la Policía Federal descubrieron un centro de mezclado y fraccionamiento de droga.
En las últimas horas, el juez Torres procesó a nueve personas por el delito de tráfico de estupefacientes. Entre los acusados están el sospechoso que había instalado la «cocina» en la propiedad de Olivos y uno de los condenados por el homicidio del reportero gráfico José Luis Cabezas.
«Corresponde mencionar que las diligencias de investigación y escuchas realizadas indicaron que la mayor producción y comercio de equipos de pastillas [100 pastillas] o alucinógenos se vinculaban directamente con la cercanía de festivales de música electrónica de concurrencia masiva, «Creamfields Buenos Aires», el 8 de noviembre del año pasado, y la «Ultra Buenos Aires», en febrero último», sostuvieron el juez federal Torres y su secretaria Verónica Bresciani en el auto de procesamiento al que tuvo acceso LA NACIÓN.
Según el fallo, de 163 páginas, «cobró especial relevancia la labor» de Alan González Quintela, uno de los procesados, que «procuraba la obtención de pastillas y demás sustancias para luego comercializarlas de manera coordinada con Claudio Roch y Hugo Cesaroni [ambos también procesados] en las fiestas en casas tipo quinta, que especialmente organizaran luego de tales eventos [por los grandes encuentros de música electrónica] y en época estival».
González Quintela tiene 26 años. Su rostro se hizo conocido el 17 de marzo pasado cuando salió esposado de la casa de Olivos donde estaba el centro de mezclado y fraccionamiento de droga sintética. Tenía puesta una remera con la imagen de Walter White, el personaje de la premiada serie Breaking Bad.
El juez Torres profundizó: «Sin hesitación alguna que González Quintela, Roch y Cesaroni – sin descartar la participación de otras personas- se organizaban para realizar maniobras compatibles con el comercio de narcóticos. A tales fines, como ya fuera mencionado, utilizaban como punto de encuentro y/o distribución un local de lubricentro en Warnes al 2100. Pero además organizaban eventos en casas tipo quintas después de determinadas fiestas de música electrónica o en época de verano, y en donde, Cesaroni, González Quintela y Roch ofrecían pastillas de éxtasis a los asistentes».
En la resolución, se afirmó que un día después de la última Creamfields, se organizó una fiesta privada en una quinta, «donde continuaban las maniobras compatibles con el abastecimiento de narcóticos. En efecto, el perfil de Facebook de Cesaroni en esa época invitaba abiertamente a participar de esa fiesta». Y, se agregó, que la sospecha es que en el mes de diciembre pasado los sospechosos produjeron varios encuentros privados de música electrónica.
El juez federal Torres explicó que uno de los proveedores de droga sintética de González Quintela era Carlos Agüero, conocido por el alias de «Dátolo», que también fue procesado. Este último sospechoso llevó a los detectives de la Superintendencia de Drogas Peligrosas de la Policía Federal, al mando del comisario mayor Néstor Roncaglia, hasta una propiedad situada en Bermúdez al 2100, en Olivos, donde residía Carlos De Lillo, alias «el Colo» o «el Tano», que durante varios años usó una identidad que no era la suya para burlar a la Justicia, ya que tenía un pedido de captura internacional ordenado por el Juzgado en lo Penal Económico N° 1.
En la casa, que tenía también entrada por Avellaneda al 3700, los investigadores descubrieron un centro de centro de mezclado y fraccionamiento de droga. De Lillo fue procesado por tráfico de drogas. Según un calificado investigador policial, a diferencia de White, el personaje de Breaking Bad, «el Tano» no tenía grandes conocimientos de Química. «Sí, después de recibir indicaciones sobre las cantidades y mezclas necesarias, tenía una gran habilidad para manejar la máquina para confeccionar pastillas», agregó el experimentado detective..
Fuente: LA NAción