El equipo de Arruabarrena experimentó una extraña metamorfosis veraniega; tras sufrir una dura goleada en el debut, con Racing, mostró progresos y sacó adelante los dos partidos más importantes.
MAR DEL PLATA.- Faltan diez minutos para que Boca pise el césped del estadio José María Minella; 600 segundos para el partido más importante del verano, ante Vélez. Rodolfo Arruabarrena mira al piso. Pasa por al lado de sus jugadores de campo, que preparan sus músculos a unos pocos metros del vestuario. El entrenador se concentra como uno más. Sabe que no hay margen de error: el tiempo de los experimentos se agotó en el primer partido, cuando Boca cayó con estrépito ante Racing por 4-1. Ese día sufrió dos expulsiones y todo el país se mofó de la patada de Marín a Centurión. Desde entonces, a Boca lo acorralan las urgencias, que recién se aflojarán dos horas más tarde. Entonces, el Vasco se abrazará con su ayudante, Diego Markic, y festejarán juntos el pase a la etapa de grupos de la Copa Libertadores. Boca habrá recobrado el rumbo.
En dos semanas, el equipo xeneize pasó del descalabro a la solidaridad; del desequilibrio al convencimiento.
En dos semanas, el equipo xeneize pasó del descalabro a la solidaridad; del desequilibrio al convencimiento. Las exigencias físicas en las sierras de Tandil parecen haber dado sus frutos: el tridente Erbes-Meli-Gago se adueña de la mitad de la cancha. Los tres lucen escalonados: Erbes se atrasa y parece un limpiaparabrisas. Se intercala entre sus dos zagueros y emprolija la salida. Más adelante, Meli gasta el overol. Parece querer que siempre haya una segunda jugada, para volver a recuperar la pelota. La pierde-la recupera. Así anda el ex Colón de Santa Fe, más preciso con la pelota que en 2014. El más adelantado es Gago, que juega como en la selección. Es la locomotora de Boca. El único insustituible de Arruabarrena.
En el mediocampo de Boca residen algunas de las razones del cambio. Tanto en el superclásico como en el repechaje con Vélez, por cada jugador rival que tomó la pelota hubo dos de Boca. Si bien los partidos de verano no son parámetro para sacar conclusiones, el último Boca es un equipo más solidario, casi mosquetero. Retrocede en bloque y avanza con recorridos cortos, salvo cuando se lanza en contragolpe. Allí sí sus futbolistas (Carrizo, Calleri y Martínez o Pavón) ponen la quinta marcha. El objetivo, claro, es llegar lo más rápido posible al área rival.
A todo lo anterior, Boca empieza a agregarle solidez defensiva. Más allá de que la espalda de Marín siga siendo una invitación a los ataques rivales, Arruabarrena redescubrió a Burdisso. Es posible que si el ex defensor de Arsenal hubiera terminado la temporada pasada en el nivel que tiene ahora, el Vasco no habría pedido tantos refuerzos defensivos. La dupla Burdisso-Cata Díaz funcionó casi a la perfección en el repechaje copero. Y el lateral izquierdo, Nicolás Colazo, definió el partido con un gol inolvidable. Tal vez las buenas actuaciones del eje defensivo hayan llegado demasiado tarde. El nuevo bloque tiene nombres de refuerzos: Peruzzi-Torsiglieri-Rolín-Monzón. Los viejos pueden quedar confinados al banco de suplentes.
La asignatura pendiente de Boca es el termostato; el exceso de ímpetu. Sufrió cuatro expulsiones en 360 minutos de fútbol a orillas del mar: Marín y Erbes con Racing, Cubas en el superclásico y Chávez con Vélez. «Se equivocó, pero esas equivocaciones no tienen que ocurrir. Tenemos que promover que los echados sean los rivales y no nosotros, no podemos dar la ventaja de tener un hombre de menos. Lo charlamos; y lo seguiremos charlando», señaló el Vasco sobre la tarjeta roja al ex Banfield, que apenas jugó 14 minutos del repechaje por pechar con violencia a Fausto Grillo.
Haber pasado con éxito el partido más importante del verano supone para Boca un alivio que excede lo deportivo. Sí, tendrá 15 días para ponerse más a punto y acomodar a los refuerzos. Pero, sobre todo, recuperará un poco de la tranquilidad perdida luego del partido con Racing. Ya está instalado en la etapa de grupos de la Copa Libertadores: el primer objetivo que se había trazado está cumplido.
Fuente: Cancha Llena