El Secretario de Comercio Interior, Augusto Costa, aseguró que la inflación cerrará el año entre el 23 y el 24 por ciento. Un gobierno acorralado por la realidad que toma en sorna la crisis
La inflación ocupa la atención de la sociedad, convirtiéndose en uno de los principales problemas para los argentinos, que desde hace tiempo la vienen ubicando al tope de sus preocupaciones según todos los sondeos de opinión.
El gobierno nacional, en vez de dar respuesta a estos pedidos de estabilidad económica de los argentinos, no hace más que echarle nafta al fuego con declaraciones altisonantes que dejan en claro cuán lejos de la realidad está el kirchnerismo por estas horas.
Ayer, el Secretario de Comercio Interior, Augusto Costa, aseveró que confían “en que la inflación de este año va a cerrar alrededor de 23 o 24 por ciento”, un número irreal que sólo existe en las desvirtuadas cifras del Indec. Pero el funcionario público no se quedó sólo allí, sino que culpó a la oposición y los medios de comunicación de tener “una intencionalidad política de instalar un número que no se condice la realidad para generar incertidumbre».
En diálogo con Hoy, el profesor titular de Economía Política I en la Universidad de Ciencias Empresariales y Sociales (UCES), Martín Simonetta, aseguró que “las palabras del gobierno es una forma de no querer ver el problema. Es una negación y afecta a los sectores más bajos, a los sectores informales, a los empleados. Las expectativas inflacionarias de los argentinos está en el orden del 40 por ciento anual, no baja de ahí”.
El director ejecutivo de la Fundación Atlas afirmó que “lo del kirchnerismo es una forma de hacer de que cuando uno tiene fiebre se pone el termómetro en el freezzer para bajar la temperatura. La inflación afecta al nivel de actividad generando una fuerte caída en la misma, con lo cual hay menos producción, creándose una situación de estanflación, de estancamiento con inflación”.
“Lo de Costa muestra un poco la negación que existe por parte del gobierno respecto al tema de la inflación. Los números privados dicen que está alrededor del 40 por ciento y la oficial está bastante lejos de eso. Hoy tenemos la segunda mayor inflación de América Latina luego de Venezuela, estamos agobiados por un nivel inflacionario terrible y el gobierno no reacciona”, subrayó Simonetta.
La incapacidad de los dirigentes de la “cosa pública” para solucionar en conjunto la búsqueda del bien común como reza el precepto máximo de la definición de la “política”, está provocando que quede cada vez más expuesto a la intemperie lo nefasto de la mal llamada década ganada, donde unos pocos se llevan mucho, y la enorme mayoría del país se sumerge en la pobreza y el desencanto.
La negación de la inflación y atacar a ciertos sectores como justificativo son sólo un ganar tiempo por parte del oficialismo, sin darse cuenta tampoco que es rehén del propio Frankenstein en que se convirtió el modelo económico que trajo aparejado el desbocamiento de la inflación en el país.
El oficialismo pretende desconocer la realidad, evitando el diagnóstico y la profundidad de la crisis, y tal como dicen vastos miembros de la oposición, el gobierno “como el avestruz esconde su cabeza debajo de la tierra, reparten culpas, sin asumir su responsabilidad por gobernar”.
Un número que nadie conoce
Los números inflacionarios empezaron a entrar en discusión luego de que el gobierno de Néstor Kirchner decidiera intervenir el Indec en el 2006, sacando a los profesionales que trabajan desde hace décadas en el lugar, para poner a incondicionales que mostraran los datos que el relato K quería mostrar.
Raúl Cuello, exdirector de la DGI, señaló a Hoy que “mientras exista un proceso inflacionario, donde es propio que es por arriba del 30% sin entrar en análisis más finos, la Argentina tiene que construir armas para salir de este escenario que la ubica negativamente de cara al futuro”.
Para el destacado economista, “a la verdadera inflación del país no la conoce nadie. No es lo mismo el poder de compra de Jujuy que el de la Capital Federal, los precios varían, el caso de la nafta es muy gráfico, ya que se paga un precio en el conurbano y otro muy diferente en el resto del país que termina siendo mucho más caro, por lo que a la verdadera inflación no la conoce absolutamente nadie”.
“Las conductas humanas tienen mucho que ver en el funcionamiento de la economía. Cuando en enero se devaluó un 23% la moneda, ha habido hasta ahora una inflación superior al 23%, entonces esa mejora en la competitividad que se había alcanzado con la devaluación, se ha perdido. Yo no puedo decir cuándo se va a devaluar pero que se va a devaluar, se va a devaluar”, remarcó Cuello.
La Argentina se enorgullecía de la libertad que tenían los profesionales del Indec para trabajar. Pero llegó el gobierno kirchnerista metiendo mano en el organismo público, echando a profesionales de dilatada trayectoria, cambiándolos por personajes que responden ciegamente las órdenes emanadas desde la Casa Rosada, con el consecuente deterioro para la credibilidad argentina ante el mundo.
Un cachetazo a la realidad
Aunque el kirchnerismo busca hacer creer que la Argentina está pasando por un período de crecimiento y prosperidad, la realidad le pega un fuerte cachetazo en la cara que lo hace perder por nock out.
Un relevamiento realizado por el Movimiento Barrios de Pie y el ISEPCI, muestra que el Índice Barrial de Precios (IBP) que mide el valor de la Canasta Básica Alimentaria (CBA), aumentó un 39,36% en el último año, dando cuenta de la realidad que viven diariamente los que menos tienen en los barrios populares.
Por su parte, Consumidores Libres, que dirige el exdiputado socialista Héctor Polino, señaló en un estudio que los precios de 24 artículos de la canasta navideña, han tenido un aumento de 36,96% respecto al 2013, con lo que las fiestas se encarecerán notablemente este año.
El aumento del 13% en los micros de larga distancia, los incrementos constantes que sufren los alquileres, la baja en la compra de autos y propiedades, un turismo en descenso y el menor nivel de actividad económica, son datos de la vida cotidiana que no se pueden ocultar, y por más que el relato oficial intente acallarlo, es algo que gana las calles porque la realidad no se puede esconder, más allá de los burdos intentos K por querer tapar el sol con las manos.
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