El ojo del Puma

Boca lo buscó toda la noche contra un Cerro que se metió muy atrás y lo encontró recién a ocho minutos del final. Era la primera que tenía el goleador Gigliotti, que había entrado un ratito antes. El jueves es la revancha en Asunción.

Tal vez este Boca esté hecho para esto. La historia de Boca, en realidad, tiene mucho de sacrificio. Sacrificio para ganar. Más cuando se trata de una noche copera, el hincha hace desaparecer las entradas de las boleterías, se prepara desde temprano, tiene lista la camiseta y el gorrito que se va a poner, no piensa en otra cosa, arma una fiesta y nada sale tan fácil como puede esperarse. Ni siquiera el gol, con esa doble carambola, primero cuando Gigliotti tira un taco con la zurda y le rebota en la derecha, y después cuando va por la revancha, busca el arco y la termina empujando un rival. Pero así se celebra más, forma parte del ADN boquense. Así, como en otros tiempos.

Aplaude otra cosa la Bombonera, además de pensar en River. No es el juego, no es el pase vertical y profundo de Gago, ni su capacidad para desplazarse por la cancha. Tampoco las corridas desbocadas de Chávez. No esta vez. No hay lugar para eso, Cerro Porteño es un rival bien posicionado, corto, que achica bien, con dos líneas de cuatro que no dejan espacios para lo que suele hacer el equipo de Arruabarrena. Lo que se aplaude es una barrida de Forlin, el primer quite de punguista de Chicho Cubas, que arregla un pase que a Gago le sale mal y agarra a la defensa desacomodada.

La búsqueda de Boca no es limpia y, principalmente en el primer tiempo, termina en centros de Colazo desde la izquierda, en la lucha cuerpo a cuerpo de Calleri o en remates desde afuera del área. Tres de Meli, uno de Fuenzalida, otro de Colazo. El área parece campo minado, que conviene no pisar. Sin profundidad para poder copar la zona.

Pero los partidos de Copa se juegan así, más cuando se trata de la ida y va a haber otros 90 minutos. El Vasco lo sabe bien. A la vez que se debe pensar en hacer diferencia, también en que no te la hagan, en que no volviera a pasar lo de Capiatá, la derrota en la ida y toda la presión de ir a buscar la clasificación a Paraguay. Y a Boca no le llegaron, supo ir sobre la pelota y presionar no bien la perdía y ocupar rápido posiciones defensivas para que no lo tomaran mal parado.

Recién en el segundo tiempo Boca logró tomar por asalto el campo rival, empujar a Cerro y jugar en el borde del área, invadirla por momentos. Aunque con mucho barullo, nada claro. Con Meli, con Colazo, más la movilidad de Martínez. Pero otra vez faltaba el pase fino de Gago y la puntería de Chávez. Todo dependía de acertar una entre tantas piernas rivales que se interponían. Y lo hizo Forlin, cuando lo vio a Colazo, se disfrazó de Gago y lo dejó por la izquierda frente al arquero y Gigliotti aprovechó el pase que lo dejó solo al lado del arco. Fue carambola, fue muy de goleador. Le dio con una, le rebotó en la otra, la metió después. Y ganó como más se disfruta. Fue el ojo del Puma.

Fuente: Olé