CFK inició su gira, que empezará en territorio amigo -el Vaticano- y terminará en zona enemiga, Nueva York, donde el juez Thomas Griesa ya está en condiciones de declarar el desacato de la Argentina y hasta sanciones económicas, visto que la Ley 26.984 de Pago Soberano de la Deuda Externa ya está publicada en el Boletín Oficial de anteayer. Pero la instrumentación del pago a los bonistas, que en el caso de los bonos PAR vence el próximo 30, depende de la letra chica que deberá reglamentar Axel Kicillof, tal cual dice el flamante Decreto 1577, que establece: “Desígnase Autoridad de Aplicación al MINISTERIO DE ECONOMIA Y FINANZAS PÚBLICAS.” Las resoluciones que en cualquier momento firmará el superministro son claves para que se sepa si efectivamente Nación Fideicomisos S.A. estará en condiciones de pagar el vencimiento del 30 o si los problemas técnicos determinarán que no se llegue a pagar en tiempo y forma, lo que profundizaría el default. Ayer, la audiencia en la Corte de Apelaciones del segundo circuito de Nueva York concluyó sin definiciones una hora y diez minutos más tarde. El encuentro era para analizar un recurso presentado por Citigroup, que cuestiona la decisión del juez Thomas Griesa de permitir el pago de bonos reestructurados con legislación argentina pero “por única vez”. Por ahora, no hay cambios. La entidad le pidió a la Cámara que revise esa orden de Griesa, que la expone, argumentó, a un conflicto con la Argentina, porque el país le reclama que cumpla con las condiciones establecidas en el contrato por el que se constituye como agente de pago de los bonos del canje. En el comienzo de la audiencia, los abogados del Citigroup insistieron en que la posición en la que quedó el banco pone en riesgo sus operaciones en la Argentina.
El caso es que la presidente tomó la decisión de politizar al máximo la crisis de la deuda, tendiendo una gruesa cortina de humo para tapar la cuestión central: que su gobierno incumplió hasta ahora una sentencia firme que la obliga a pagar a varios holdouts US$ 1330 millones. Esta escalada empezó con las acusaciones del gobierno a Kevin Sullivan, encargado de negocios de la embajada de los EEUU, siguió con el ataque presidencial a American Airlines y, tercer paso, con la denuncia por Cristina de un plan político de cinco puntos supuestamente montado por los fondos buitres para doblegar al gobierno argentino, en el cual implicó al ex Secretario de Comercio del segundo gobierno de Bush, (Carlos) Gutiérrez, que forma parte del estudio de la ex secretaria de Estado de Bush Madeleine Albright. Queda claro entonces que la presidente ya definió que su paso por Nueva York será para darle batalla política al gobierno de Barack Obama, a la justicia local y a los buitres. En otras palabras, que el cristinismo se propone optimizar la explotación demagógica de su inventado conflicto con los EEUU. Una jugada audaz que sin duda le servirá para mantener la iniciativa política mientras se derrumba la economía local y el dólar blue marcha hacia valores impredecibles. Es decir, que en más de un sentido la nueva saga cristinista está contribuyendo a hundir la economía, en momentos en los que dos tercios de la Provincia de Buenos Aires están anegados.
Las incógnitas que se empezarán a develar a partir de la semana que viene implicarán también la redefinición del escenario electoral. En este orden de cuestiones, está si el 30 se ampliará el default y se demostrará el fracaso de la flamante ley 26.984; si Griesa avanzará con la declaración de desacato y sanciones económicas y si la Casa Blanca impulsará distintos tipos de sanciones contra la Argentina, para evitar que el mal ejemplo cunda y que otros estados decidan ignorar los fallos de la justicia de Nueva York cuando los mismos no les sean favorables.
Un impasse con números
Este cuadro es más que suficiente como para que los principales candidatos presidenciales, Daniel Scioli, Sergio Massa y Mauricio Macri, hayan optado para los próximos días por una agenda de perfil bajo, mientras ven cómo se desarrolla la batalla de N.Y. Esto no significa que no haya algunos nuevos indicadores a tener en cuenta. En las oficinas de Sergio Massa, por ejemplo, festejan una medición que habría encargado su gurú peruano, Sergio Bendixen, que comprende 2000 casos en todo el país. De acuerdo a este sondeo, la imagen positiva de CFK sería de 47% contra 49% de negativa. En cuanto a Macri, le adjudican 36% de positiva contra 44% de negativa. En intención de voto, el trabajo le asigna 28% a Massa, 25% a Scioli y 16% a Macri. El optimismo massista se fundamenta sobre todo en la parte final de la encuesta, que se refiere a los escenarios de ballotage. En el caso de segunda vuelta entre Massa y Scioli, el primero ganaría 38% a 34%.Si la contienda fuera entre Massa y Macri, la diferencia sería mayor: 41% a 21%. La única noticia negativa de la encuesta para el jefe del Frente Renovador es que se registra cierta tendencia al achicamiento de la diferencia con Scioli.
Sean estos números precisos o no tanto, lo cierto es que la magnitud de las inundaciones y la posibilidad de estallidos sociales en el segundo cordón del conurbano amenazan a Scioli. Massa, por su parte, debería pasar pronto por una prueba de fuego, porque Elisa Carrió se dejaría de insinuar para realizar algunas acusaciones directas sobres las presuntas relaciones entre el massismo y el narcotráfico. Macri, por su parte, especularía con que la caída libre de la economía dañe a todo el peronismo, incluidos Scioli y Massa, fortaleciendo la idea fuerza de que lo que termina en el 2015 es el ciclo del PJ en el poder.
Carlos Tórtora/informadorpublico.com