Año 1531. Ciudad de México. El indio Juan Diego escucha una voz que lo llama desde el cerro: «Deseo vivamente que se me construya aquí un templo, para en él mostrar y prodigar todo mi amor, compasión, auxilio y defensa a todos los moradores de esta tierra y a todos los demás amadores míos que me invoquen y en Mí confíen. Ve donde el Señor Obispo y manifiéstale que deseo un templo en este llano. Anda y pon en ello todo tu esfuerzo». Era la Virgen María.
Y allá fue Juan Diego en busca del obispo a transmitir los pedidos de la Virgen pero él no le creyó. Y así ocurrió una segunda vez. Hasta que en el tercer intento, Juan Diego —siguiendo las indicaciones de la Virgen— llevó un «signo maravilloso» para que el obispo crea: unas rosas cortadas en el cerro envueltas en un poncho; flores que era imposible que crecieran en ese lugar en ese período del año. Desplegado el poncho y las rosas esparcidas, se formó en la rústica tela una imagen que es la Virgen de Guadalupe que se venera en la actualidad en la Basílica de Tepeyac, protegida en un cuadro.
Dicha basílica es la llamada «basílica nueva» que fue construida en el mismo lugar que la «vieja» —del siglo XVI— entre los años 1974 y 1976, de estructura circular y con capacidad para 50.000 fieles.
La imagen está impresa sobre una tela de fibras de maguey y representa a María como una joven mestiza embarazada. Está parada sobre una media luna negra que simboliza el mal para los mexicanos, y más abajo se ve un ángel con alas de águila extendidas. La Guadalupana sintetiza, desde todos los signos apreciados en su imagen, el encuentro de las culturas europea y americana, abrazadas por su maternal amor.
Muchos expertos y científicos han señalado cuestiones inexplicables sobre esta imagen: la tela de maguey que permanece inalterable desde el siglo XVI, la imagen propiamente dicha que no fue realizada por mano humana, las pupilas de la Virgen en las que se refleja la situación relatada por Nican Mophua cuando el obispo comienza a creer rodeado de varias personas que participan del milagro.
Con el lema «Renovar la misión permanente», se llevó a cabo la peregrinación anual de la arquidiócesis de México el sábado 11 de enero de 2014 y reunió 30.000 fieles. Esta peregrinación es la inaugural de todas las demás que se realizan en honor de la Guadalupana en visita a la «casita de Tepeyac». Todas juntas reúnen cada año a más de 22 millones de fieles peregrinos.
VIRGINIA BONARD
FUENTES: Agencias, diarios, portales