Glenn Miller (1904-1944) fue un militar estadounidense que alcanzó el rango de mayor, pero cuyo nombre trascendió por dos razones: por ser un renombrado músico de jazz de la era del swing y por su misteriosa muerte.
Su tarea no estrictamente militar, sino que era el director de la Banda de la Fuerza Aérea, cuyo cometido era levantar la moral de las tropas ante la posibilidad de la muerte en batalla.
Tras la “Liberación de París” en agosto de 1944, a Miller se le ordenó realizar una gira de seis semanas allí y en otras ciudades europeas ya en poder de los aliados. El 15 de diciembre despegó en un avión desde el norte de Londres, con aquel destino, donde iniciaría su gira artística.
Pero nunca llegó.
La aeronave desapareció mientras sobrevolaba el Canal de la Mancha. Hubo muchas hipótesis, pero lo cierto es que ni el avión ni sus tres ocupantes fueron hallados, por lo que se les supuso muertos. Y como los cadáveres jamás aparecieron, se originó una leyenda que suponía a Miller vivo.
Miller, trombonista, tenía cuarenta años y estaba en la cúspide de su carrera. El inconfundible sonido de su gran banda de jazz -que ya ganaba un millón de dólares al año- popularizando canciones como “Serenata a la luz de la luna” o “Patrulla americana”, cosechaba enormes éxitos y su fama se extendía por todo el mundo.
Uno de sus más célebres temas es “De buen humor” (“In the Mood”), que a principios de 1940 estuvo quince semanas consecutivas en el puesto número 1 de los Bilboard Hot 100. Fue escrito por Joe Garland y Razaf Andy, dos músicos de jazz de la época, que para componerlo combinaron partes de otros temas de moda en ese momento sin considerar el derecho de autor. Ambos acudieron en 1938 a Edgard Hayes y su orquesta para interpretarlo, pero a pesar de ser bien recibido por el público, no se hizo famoso hasta que, al año siguiente, Miller y su banda lo interpretaron con los arreglos con que se conoce actualmente.
No pretendemos hacer una apología de Miller o de sus interpretaciones sino, simplemente, rescatar el título que le garantizó reconocimiento y fama mundial.
Porque por estas épocas, en medio de villancicos y cantos religiosos por un lado, y de promociones comerciales por otro, en vísperas de comenzar un nuevo año, las personas, las familias, las empresas, las instituciones, las organizaciones acostumbran hacer un balance, analizando lo hecho hasta ahora y proyectando lo que está por venir. Invariablemente es así, aunque luego las circunstancias y los avatares de la realidad modifiquen en gran medida esos anhelos, pretensiones y objetivos.
Pero, fíjense en torno a ustedes, en esas horas previas a las celebraciones, la gente difícilmente está de buen humor.
Los sueños no alcanzados, los proyectos no materializados, las esperanzas perdidas, las ilusiones esfumadas, los fracasos que hieren el alma, el orgullo y la dignidad, y aún sobre todo ello, el trajín de organizar las celebraciones de las tradicionales fiestas, confluyen para que la gente grite, se exaspere como si el mundo se acabara en horas, destrate a quien se le cruce mientras maneja su auto y se enoje porque dejó todo para último momento y ahora el tiempo no le alcanza…
Sin embargo, algo hay que debe tenerse en cuenta si lo que se quiere es alcanzar el éxito: finalizar y comenzar el año con buen humor.
No se trata de frivolidad.
Para algunas personas estar de buen humor es una condición innata, que hace a su temperamento y caracteriza su personalidad. Esas son las que triunfan. Los especialistas han demostrado que el humor estimula el sistema inmunológico, y de tal manera, aumenta la actividad de las células protectoras potenciando la salud y ayudando a combatir virus y tumores, equilibrando la presión arterial y reduciendo el estrés. La risa promueve la sanación y el bienestar de las personas, ya que estimula la liberación de endorfinas (las hormonas de la felicidad) ayudando a reducir el riesgo de depresión y el dolor, y a estabilizar el azúcar en la sangre.
En el ámbito laboral, el buen humor crea un entorno más distendido y humano en el cual desenvolverse. Fortalece la innovación y la creatividad, y vigoriza también la motivación individual y colectiva, cohesionando los equipos humanos, porque donde quiera que se fomente la diversión y el esparcimiento se genera una nivel de involucramiento muy potente.
En el trabajo, el humor aumenta el entusiasmo por los proyectos y predispone a los empleados a mejorar los servicios o productos de la compañía, potencia y fortalece la relación con los clientes, y se traduce en mejores resultados, muchas veces extraordinarios. El humor optimiza la comunicación interna, atrae y, lo más importante, retiene a las personas más valiosas.
El humor, en fin, engrandece el alma, ilumina a las personas, y hace que a su alrededor resplandezca un aura especial.
En vísperas del Año Nuevo, olvidemos por un momento los problemas cotidianos, agradezcamos por todo lo bueno que tenemos y, por sobre todas las cosas, compartamos con la familia y los amigos una sonrisa.
Reza un dicho popular que “El buen humor es como el limpiaparabrisas: no detiene la lluvia, pero te ayuda a seguir”.
Por eso, nuestro deseo de ¡Próspero Año Nuevo! a los suscriptores, lectores, avisadores y, por supuesto, a la gran familia de periodistas, columnistas, administrativos y repartidores de EL MUNICIPIO.
¡Y recibamos el 2014 de buen humor!
Al fin y al cabo, ¿quién puede oponerse a una leyenda como Glenn Miller?
Fuente: http://elmunicipiodigital.com/noticia/7315-de-buen-humor