Dos de los temas centrales de la política nacional se definieron casi simultáneamente en los últimos días. Las elecciones ratificaron el cambio de escenario que se insinuó en las primarias del 11 de agosto y el fallo de la Corte Suprema a favor de la constitucionalidad plena de la ley de medios demostró que el gobierno no perdió sus reflejos y que ahora controla los tres poderes, ya que la Corte Suprema dio un paso que la identifica con la Casa Rosada. Esta clarificación no se dio en otro tema clave, la salud presidencial, en el cual la estrategia de desinformación seguida por el gobierno se mantiene igual pese al paso del tiempo. En este bloqueo informativo juega un rol central el compromiso de confidencialidad que firmaron los médicos que la operaron y la atienden. En el ambiente médico, los compromisos de confidencialidad son sinónimos de la intención de ocultar la verdad, porque la misma no coincide con la información que se difunde. Obviamente, al descomprimir al gobierno, el fallo de la Corte generó más espacio para extender la indefinición sobre la fecha de reasunción de la presidente. Aparte, la enorme repercusión mediática de la confrontación con Clarín permite que la salud presidencial haya pasado a segundo plano en los últimos días. Sin embargo, las especulaciones de distinto tipo siguen su curso y ayer este medio tuvo acceso al informe de un prestigioso neurólogo que abre nuevos interrogantes.
Éstas son las partes más significativas del mismo:
“Hematoma subdural es un sangrado por fuera del cerebro dentro del cráneo ocupando un espacio. El cráneo, como es de hueso, no tiene la posibilidad de expandirse por lo que se desplaza es el cerebro. Es una enfermedad seria, ya que puede dejar secuelas o incluso ocasionar la muerte. Generalmente, en lo hematomas subdurales aumenta la presión endocraneal, y ésta es una contraindicación formal para viajes aéreos, no sólo por la altura sino por las aceleraciones y desaceleraciones en despegue y aterrizaje, que empeoran el hematoma subdural (ver Contraindicaciones en traslados aéreos, Clínica las Condes, Chile).”
“Lo más llamativo de todo esto es que la presidente viajó desde el supuesto golpe en agosto 17.000 kilómetros en avión, ida y vuelta a Nueva York, sin tener una jaqueca ni siquiera.”
“Es extraño también que el hematoma fue diagnosticado un viernes al mediodía y la presidente fue enviada a su casa; el domingo a la noche ella tuvo síntomas de parestesia en medio cuerpo (brazo y pierna). Según el parte oficial, se decide entonces que concurra al día siguiente para operarla.
Los hormigueos en medio cuerpo son un síntoma indiscutible del agravamiento y expansión de la lesión, pero a la Presidente de la Nación no le hacen nada ese día y deciden que concurra al día siguiente para operarla -no se acredita que le hicieran en ese momento una tomografía, dándose a entender así que fue directo al quirófano.”
“Todo esto implica que desde el viernes o sábado ya se sabía plenamente que se la iba a operar el lunes. Se intentó entonces justificar una cirugía programada que resulta no creíble si se trata de un hematoma subdural, por lo antedicho. Sí podría tratarse de otro tipo de operación en el cráneo, correspondiente a un cuadro que sí pueda resistir un viaje aéreo de magnitud como el realizado. Se puede suponer, entonces, que podría haber sido operada de otra enfermedad de índole por cierto más grave. Todo esto nos hace pensar que el tema, tal como fue sostenido, no es cierto y que sí existiría otro padecimiento”.
“Cualquier neurólogo puede contestar si es factible autorizar a una paciente de un hematoma subdural a realizar ese tipo de viaje aéreo y es difícil que alguno sostenga que sí, por lo que debe descartarse que el acto quirúrgico haya sido por lo dicho. Además, existe un pacto de confidencialidad firmado por todos los médicos actuantes que habla por sí mismo.”
Los hechos son irrebatibles
Las conclusiones de este informe médico, para empezar, coinciden con la secuencia de los hechos. El vocero presidencial Alfredo Scoccimarro informó en su momento que “la presidenta Cristina Fernández sufrió un traumatismo de cráneo el 12 de agosto”. Una semana antes de las elecciones, el intendente de Lomas de Zamora Martín Insaurralde reveló las circunstancias del golpe: “Me contaron que estaba juntando unos regalos de sus nietos. Ella estaba ordenando, juntando los regalos del nieto y trastabilló y se golpeó”, relató Insaurralde al programa Desayuno Americano, de América TV. Un mes y medio después -y diez días antes de ser operada- o sea el 23 de septiembre, la presidente voló a Nueva York para participar de la Asamblea General de las Naciones Unidas. Es obvio que, a esa altura, el hematoma subdural ya estaría en una fase muy avanzada, por la sencilla razón de que su internación y operación se produjo a la semana siguiente de su vuelta de EE.UU. Si los médicos presidenciales ignoraban todavía el problema -lo que hablaría de negligencia-, de acuerdo al informe médico que transcribimos, hubiera sido casi imposible que el vuelo no le provocara serios problemas a la presidente, lo que, obviamente, no ocurrió.
Con una agenda muy restringida, la presidente Cristina Kirchner tuvo su sexta participación en la Asamblea General de las Naciones Unidas. Fue el viaje más corto de todos los que hizo la Presidente a Nueva York: llegó cerca de las 9 de la mañana y, pocas horas después de dar su discurso en el edificio central del organismo multinacional, tomó el avión para volver a Buenos Aires. Una nota de Clarín del 23 de septiembre que da detalles del viaje a es por demás sugestiva: “En la Casa Rosada admiten que la Presidenta tendrá pocas reuniones esta vez. Las giras de varios días, con charlas en universidades, seguidillas de encuentros con empresarios y paseos por la ciudad incluidos, son fotos de otra época. Hasta ahora, además de su discurso de mañana frente a la Asamblea -la hora todavía no fue concertada, ya que los presidentes suelen pedir cambios de último momento en el cronograma, por las modificaciones de sus agendas- Cristina tiene pautado un encuentro con el presidente de Uruguay, José Mujica. La reunión se haría hoy.”
Todo esto indica una reducción de los esfuerzos físicos al mínimo, incompatible con el riesgo señalado del viaje en avión. Claro está que el gobierno podría argumentar que el hematoma subdural fue diagnosticado después del viaje a Nueva York, lo que está en duda. De ser así, ¿por qué el viaje fue tan corto y casi sin agenda?
El 9 de octubre pasado, el jefe de la sección vascular del Hospital Universitario de la Fundación Favaloro, Pablo Rubino, contestó un reportaje de TELAM (http://www.telam.com.ar/notas/201310/35846-la-presidenta-es-una-excelente-paciente.html). En el mismo, al ser consultado sobre la convalecencia de la presidente y el riesgo de los viajes en avión, Rubino explicó que “en las primeras semanas hay que tener ciertos cuidados para viajar vía aérea”, pero asumió que “una vez recuperado completamente, el paciente puede hacer cualquier tipo de actividad”. O sea que, después de operada, CFK debería tener mucho cuidado con los viajes aéreos pero antes de la cirugía no se tomó ninguna prevención al respecto y este descuido no tuvo consecuencia alguna.
Las contradicciones con los partes oficiales parecen entonces insalvables. Al mismo tiempo, también corresponde señalar que la información oficial sobre la dolencia cardíaca de CFK ha sido igualmente escasa y algo contradictoria. El tema puede adquirir cada vez más relevancia si en las próximas semanas la presidente no reasume su cargo o si se suceden nuevas contradicciones en el relato oficial, en este caso médico.
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