El River a Teo

TeoLos referentes del plantel le pidieron explicaciones a Teo, molestos por sus declaraciones. Y Ramón no da el brazo a torcer: ante Lanús, el miércoles, lo volverá a poner de 9.

Este no es de juguete. Teófilo Gutiérrez desenfundó en Núñez un revólver posta o mejor dicho, tilde al margen, lo que hizo fue revolver las inocultables miserias de un equipo carente de los recursos que él pretende tener alrededor para dar con ese delantero de comprobado calibre que es pero que en River no puede ser.

Teo descargó así, de un saque y por primera vez en la aldea millonaria, toda su pesada munición dialéctica. Le apuntó de lleno a menesteres que tienen que ver con la pizarra, pidió jugar “con un 9 referente y un 10 que me traiga más la pelota”, y aunque Ramón Díaz no acusó las balas y seguirá como hasta ahora, pues “para eso lo trajimos”, los fogonazos calaron en lo más profundo de las sensibilidades de un plantel que ya mira de reojo al díscolombiano .

No es que se fuera a las manos como alguna vez lo hizo con Dobler en una práctica académica, tampoco se le plantó al capitán Ponzio como trascendió ayer y sí sucedió con Saja en Racing, pero ese tirón de orejas que no vino de parte del entrenador llegó desde los referentes del camarín. Con un Fabbro que se sintió tocado por las rimbombantes declaraciones, los caciques del grupo lo encararon de una en la desolación de la práctica a puertas cerradas en el Monumental. “¿¡Cómo vas a decir eso que dijiste!?”, lo increparon en patota y acto seguido le pusieron los puntos a un jugador que nunca pegó onda con aquéllos que dirigen la batuta interna. Su carácter irreverente, ese perfil elevado que se sabía que venía dentro del pack de crack, ya había provocado algunos chispazos aislados en el día a día, pero lo que encendió la mecha fueron las palabras de un eterno rebelde que no supo controlar a la fiera ni cuidar los benditos códigos futboleros. El hombre que se siente mal acompañado dentro del campo anda solo fuera del mismo, en la suya, aislado, dedicándose a la siesta mientras otros matean, sin química con los grandes, apenas de a ratitos cercano a los pibes.

Bueno, digamos que a esos pibes tampoco les causó demasiada gracia la queja pública de Teo, pues al cabo es Andrada quien no hace lo que Falcao en la selección Colombia y Lanzini compartió más minutos con Gutiérrez que Fabbro. Sin embargo, ningún jovenzuelo estuvo presente en el sermón que se comió el ariete cafetero. Sólo los líderes asumieron dicho rol y lo hicieron creyendo que ésta era la manera de dar un correctivo a tiempo para que no se desmadrara todo antes del trascendental duelo copero ante Lanús. Como fuere, es un arma de doble Teófilo. Porque el tic-tac que ya empezó a correr puede tener su estallido el miércoles mismo en el Monumental: así como las ambiciones deportivas, los ánimos de River parecen pender de un peligroso hilo que dura 90 minutos y determinará si queda vida en la Sudamericana. Para ese duelo que también ofrece un boleto para la próxima Libertadores, el 29 que a veces juega más cerca del 2 que del 9 no tendrá la potestad técnica para hacer lo que se le dé la gana. Ramón es así. Si tiene que morir, será con las ideas puestas. Y en caso de que le tocara seguir pululando con éxito en las competiciones tras frontera, Ramón Angel entonces habrá bajado los decibeles de una plantilla al borde de un ataque de nervios, un equipo que no hace goles, que juega poco y nada, que no tiene fe.

Un River aTeo.

Fuente: Olé