Se apagan las luces y se apaga Estados Unidos

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El Congreso tomó una decisión complicada y quizás histórica: la paralización de la administración pública de la potencia mundial.

En Washington se apagan las luces. Solitario, un taxi recorre las cuidadas avenidas de la capital estadounidense en las que sólo brillan los semáforos. Lo único que sigue iluminado intensamente son las columnas blancas del Capitolio, en donde el Congreso tomó una decisión complicada y quizás histórica: la paralización de la administración pública.

Se trata de una medida que no solamente apaga las luces de la capital, sino de todo Estados Unidos. Al menos 800.000 personas quedan automáticamente bajo licencia sin sueldo porque los dos partidos del Congreso, irreconciliables, no han podido acordar un nuevo presupuesto.

Hablaron y hablaron, presentaron mociones, votaron, hicieron declaraciones ante la prensa. Pero cuanto más de debatía, más se acercaba la «hora cero»: a medianoche, cuando sonaron las campanas que marcaban la llegada del 1 de octubre, comenzó en la mayor economía del mundo el nuevo año fiscal. Sin un presupuesto en vigor.

Indignados, incluso furiosos, los diputados expresaron su enojo durante la sesión nocturna del Congreso. «¡Esto es una locura!», gritó visiblemente enfadado James Moran, demócrata de Virginia, a los miembros de la cámara. «¡Los padres fundadores estarían avergonzados de en lo que se ha convertido el Congreso!», añadió. «Tiene que acabar esta barbaridad», subrayó la demócrata Rosa DeLauro.

Por su parte, la legisladora Barbara Lee consideró una «extorsión» lo que proponían los republicanos: un proyecto de ley para financiar el gobierno durante algunas semanas, pero que paralizaba la reforma sanitaria del presidente Barack Obama.

Todos sabían que esa propuesta no sería aprobada nunca en el Senado, de mayoría demócrata, y también el propio Obama había dicho que la vetaría.

Pero, bajo la creciente presión del ala más a la derecha de los republicanos, la Cámara de Representantes se dirigió directa al cierre o «shutdown». La propuesta del los conservadores del «Grand Old Party», una hora antes de medianoche, de volver a hablar de una posible solución sonó casi absurda: una pelea de semanas no iba a resolverse en menos de 60 minutos. Y así, llegaron las campanadas.

«Esta no ha sido una buena noche», comentó la presidenta de la bancada demócrata en la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi. John Boehner, el presidente republicano de la cámara, respondió: «Aquí no se trata de mí y de los republicanos del Congreso».

Más allá de los cientos de miles de estadounidenses que no cobrarán sueldo, permanecerán cerrados los museos más populares del país y los parques nacionales. También es probable que no abran sus puertas algunos consulados estadounidenses o embajadas, comunicó el Departamento de Estado. Cuando el gobierno echó el cierre hace 17 años, se dejaron sin tramitar entre 20.000 y 30.000 visados al día.

Sin embargo, los mayores daños los sufrirá la propia política estadounidense. Un 26 por ciento de los ciudadanos están «indignados» con el gobierno y un 51 por ciento «frustrados», según un sondeo del Pew Research Center.

Solamente un 17 por ciento de los encuestados dijo estar en principio de acuerdo con el trabajo del gobierno. También las empresas que viven de los encargos públicos tendrán muchos problemas. Al final, como enseñanza queda flotando en el ambiente la impresión de que todos los implicados han salido perdiendo.

Fuente: Johannes Schmitt-Tegge, Dpa.