Guillermo Moreno avanzó con los banqueros nacionales y Germán Plessen con los representantes de entidades extranjeras, con el mismo objetivo: acercarle dólares al Banco Central ante la escasez de divisas que enfrenta el Gobierno.
La acción conjunta del secretario de Comercio y del subsecretario de Financiamiento tuvo por momentos tintes de presión, y en otros de ruego: “Pongan dólares en el Baade, negros o blancos no importa, lo que importa es que suscriban el bono”. Ese fue en muchos casos el mensaje de los funcionarios seguido de amenazas, presiones y actitudes barrabrava características de varios hombres y mujeres del sector público.
La presión y el ruego marcan un cambio importante del Gobierno respecto del blanqueo de divisas que otorga plazo hasta septiembre para depositarlas y que va camino a transformarse en un bono patriótico similar al implementado en los tiempos de Domingo Cavallo, antes que en un instrumento de inversión.
El más que tímido interés por el Cedin (en el primer mes de blanqueo se hicieron operaciones por sólo US$ 11 millones) habría sido el punto de partida para empezar a cambiar el discurso sobre el objetivo del bono Baade, que inicialmente tenía como finalidad dinamizar las inversiones en el área energética.
Hasta la semana pasada, los funcionarios pedían que empresarios, banqueros y particulares trajeran sus dólares “negros” para depositarlos en los bancos y así emitir Baade y aumentar el financiamiento de las inversiones en energía.
Según empresarios y banqueros, los últimos encuentros con los funcionarios marcaron un cambio evidente ya que reclaman que suscriban bonos Baade pero con dólares “blancos” y declarados por lo que el objetivo de fortalecer las reservas del Banco Central surge con nitidez.
La titular del Central, Mercedes Marcó del Pont, no la tiene fácil ya que en la primera parte del año las reservas cayeron cerca de US$ 6.000 millones y si bien unos US$ 3.000 millones fueron una devolución al Banco de Francia y US$ 1.000 millones bajaron por la caída del precio del oro, la performance cambiaria está bajo la mira.
Desde el pico de 2011, cuando llegaron a US$ 52.000 millones, las reservas del Banco Central vienen en barranca y los US$ 37.130 millones de estos días podrían ser un pico para los próximos años.
Desde el cepo cambiario de octubre de 2011, el drenaje de divisas fue constante y hay indicadores sensibles de retraso cambiario, como el hecho de que haya más turistas que salen que los que entran, que hablan de la necesidad de medidas.
Hasta ahora el mundo de los negocios se ha movido con algunas certezas a la hora de tomar decisiones y una de ellas fue la idea de que el Gobierno no aplicaría una devaluación fuerte en lo que le queda de mandato hasta 2015.
El motivo obvio es que una devaluación hace caer los salarios reales y esa es la peor receta para tiempos electorales.
Esa certeza se basó en la soja, en que tanto la producción como los precios seguirían altos y, por tanto, aún con torpezas y medidas poco eficientes, el Gobierno podría “patear la pelota para adelante” en términos cambiarios.
Los pronósticos de una mejor cosecha en el hemisferio norte están tirando para abajo los precios de las materias primas y el de la soja no es una excepción. Así, muchos analistas comenzaron a preguntarse: ¿aguanta el esquema cambiario argentino con el precio de la soja en US$ 400 la tonelada?
Este año, el precio promedio giró en torno de los US$ 554, una diferencia significativa, no sólo para productores y exportadores, sino también para el Estado que recauda las retenciones.
La discusión sobre si con US$ 400 la tonelada de soja (ayer estaba en US$ 504) alcanza o no para garantizar la oferta de dólares al país no es menor, ya que, por ejemplo y entre otras cosas, esos dólares son los que en los últimos años sirvieron para pagar las importaciones, la deuda y el aumento vertiginoso de la importación de combustibles.
El cambio de escenario se hace sentir y la contracara de la intención oficial de transformar al Baade en una especie de bono patriótico es poner el acento en el cuidado de las reservas, una vez que creen haber aquietado el dólar “blue” en torno de $8,60.
Con el mercado paralelo bajo presión y casi sin operaciones de dólares blancos por la Bolsa (se compraban títulos con pesos para después venderlos y cobrar en dólares), hay menos operaciones pero el Gobierno se resignó a tener una brecha cambiaria de entre 50 y 60% entre los dólares oficial y paralelo que sabe será transitoria, aunque no sepa ni la velocidad ni la intensidad de la corrección que algún día podrá sobrevenir.
Mientras tanto, y con la virtual intervención del viceministro Axel Kicillof, el Banco Central apura el ritmo de aumento del dólar oficial (esta semana fue equivalente al 27% anual) y se niega a subir las tasas de interés.
Desde que actúa sobre el Central, Kicillof ya le sacó $ 20.000 millones de adelantos transitorios para el Tesoro, en lo que se presenta como una carrera por gastar pesos en tiempos preelectorales y en el convencimiento oficial de que eso no implica alimentar a la inflación.
Presionar para obtener dólares y emitir pesos para aumentar el gasto a la espera del resultado electoral. Mientras tanto, sobrevuela el fantasma del bono patriótico de Cavallo.
Fuente: iEco