Exactamente como lo anticipó esta Hoja hace más de un par de semanas, el general César del Corazón de Jesús Milani fue designado jefe del Estado Mayor del Ejército, con lo que por primera vez un integrante de la Inteligencia Militar alcanza ese cargo. Los altos mandos de la Fuerza quedaron relevados y lo mismo sucedió en la Armada y en la Fuerza Aérea. Como titular del Estado Mayor Conjunto que formalmente coordina al conjunto castrense, fue designado el general Luis María Carena, del arma de Caballería, quien hasta ayer se desempeñaba como Director de Remonta y Veterinaria del Ejército. Apenas el santafecino justicialista Agustín Rossi vio sensiblemente disminuido su desempeño político en la provincia de Santa Fe, sin posibilidades de aportar votos, la presidente Cristina lo convocó para ocupar la cartera de Defensa en reemplazo de Puricelli, notablemente desgastado por el escandaloso fracaso de la campaña Antártica, que puso en peligro la subsistencia de las bases argentinas en esa zona extrema de nuestro territorio. Fue premiado con la designación como Secretario de Seguridad.
Rossi, que aspiraba como mínimo a una banca de diputado nacional por el Frente para la Victoria -paso previo para volver a la gobernación de su provincia- declinó en sus posibilidades, lo que determinó su designación ministerial como una forma de facilitarle una supervivencia en el plano público del oficialismo. La movida también provocó el alejamiento de Nilda Garré -estrecha y políticamente ligada a Milani- del área de Seguridad, sacudida por la incontenible ola delictual que mantiene en vilo a la sociedad, especialmente en las ciudades grandes o pequeñas. El problema posee un alto e inevitable contenido que incide, cada vez con mayor fuerza, en el desgastado perfil del cristinismo. La Garré fue nombrada embajadora ante la OEA con la finalidad, nunca expresada, de colaborar con el proyecto chavista en franco retroceso desde la muerte de Hugo Chávez y ante la ineptitud que muestra su discutido sucesor Nicolás Maduro.
Las designaciones no causaron mayor sorpresa, pero en lo que se refiere al nombramiento de Carena existe una novedad adicional que justifica el título que hemos elegido para este breve comentario. En efecto, quien será teniente general por el nivel que pasó a ocupar, es un cercano pariente del secretario general de la Presidencia de la Nación, doctor Carlos Zannini, considerado el funcionario de mayor influencia ideológica en Cristina W. y a quien se adjudica el diseño de los últimos acontecimientos que caracterizan el actual escenario político e institucional. De allí que los observadores sigan con especial detenimiento la situación por la que transitamos los argentinos y, sobre todo, en lo que se refiere a los enfrentamientos del Poder Ejecutivo con la Corte Suprema de Justicia, máxima expresión del Poder Judicial, cuya independencia corre serios riesgos y, por ende, la misma estabilidad democrática del sistema. Ayer, a través de la Agencia Nacional de Noticias, Télam S.A., el titular de la ANSES, Ricardo Echegaray, desmintió que haya ordenado a sus inspectores evaluar el comportamiento fiscal del titular de la Corte, Dr. Ricardo Lorenzetti, y el de sus hijos.
Lejos de disminuir las tensiones que provocó -y provoca- la situación, el desmentido las profundizó, habida cuenta que el problema de alguna manera quedó oficializado por las versiones que se dejaron deslizar desde el Palacio de los Tribunales, sede natural del Poder del Estado que cumple un rol especialísimo al velar por el equilibrio y vigencia de las leyes y límites en el desempeño político. Lo más interesante es que, a pesar del desmentido, los ministros de la Corte no ocultaron su indignación y dieron su expreso respaldo a Lorenzetti durante la habitual reunión de todos los martes. Aunque por el momento no existan motivos para avanzar más allá en nuestro comentario, el enfrentamiento de Cristina, las expresiones públicas de quienes son voceros de su pensamiento en diversas circunstancias, alimenta las suspicacias ante una posible profundización de la crisis. Para concluir por hoy, diremos que al margen de las complicaciones preelectorales, el futuro se muestra incierto y brumoso.
Fuente:Carlos Manuel Acuña/informadorpublico.com