El principal asesor de Lula en política exterior advirtió que Dilma Roussef «tendrá facilidades» para gobernar, pero también «retos» distintos, pidió una integración productiva regional y comparó los logros del mandatario brasileño con los del peronismo
Ricardo Carpena.
Si Lula es, por el peso de su influencia política y por los efectos del desarrollo económico y social de su país, una especie de presidente de toda América latina, Marco Aurelio García vendría a ser una suerte de canciller de la región. Aunque aquí y ahora, sentado ante Enfoques, con sus modales sencillos y amables, sus gafas redondas y una barba prolijamente recortada, no parece un funcionario ensoberbecido ni un típico político que ostenta poder. Y nadie podría quejarse si diera esa imagen: es nada menos que el principal asesor del mandatario brasileño en materia de política exterior.
En rigor, es mucho más: además de haber sido uno de los fundadores e ideólogos del Partido de los Trabajadores (PT) de Brasil, en el que se desempeñó como secretario de Relaciones Internacionales por más de una década, también fue el coordinador de los programas de gobierno de la presidenta electa, Dilma Rousseff.
García, que estuvo en nuestro país para recibir una distinción que le otorgó la Universidad Nacional de Tres de Febrero, es indudablemente diplomático, pero, antes que nada, un intelectual con ideas propias y efervescentes que acompaña a Lula desde hace muchos años y que está dispuesto a seguir haciéndolo con su sucesora, aunque sin que se le note desesperación sobre su futuro. «No sé si usted toma remedios -dice a LA NACION-. Yo tomo muchos y todos tienen un plazo de vencimiento: 31 de diciembre de 2010. No tengo la menor idea de qué va a pasar después. Si no hay ninguna tarea de gobierno, porque no me lo ofrecen o porque no me parece buena, yo me vuelvo a San Pablo, que es una ciudad que me encanta, como Buenos Aires», confiesa.
Parece difícil que Dilma se desprenda de este licenciado en Derecho y Filosofía que nació en Porto Alegre en 1941, también conocido en su país por las siglas de su nombre, MAG, y por ser un reconocido hombre de izquierda que se exilió en Chile y en Francia durante la dictadura militar brasileña. Al regresar a su país, a fines de los años 70, conoció a Lula durante las huelgas metalúrgicas de la región industrial de San Pablo y ya no se separó de él. En el medio, fue concejal de la ciudad de Porto Alegre en 1967 y secretario de Cultura de las ciudades de Campiñas (1989-90) y San Pablo (2001-2002). Además de haber redactado el acta fundacional del PT, presidió esta agrupación desde octubre de 2006 hasta enero de 2007 (en forma interina debido a la renuncia de Ricardo Berzoini por escándalos de corrupción).
Fuente: lanacion