Asad apoya la ayuda «imparcial» del CICR en Siria, donde la violencia no cesa

DAMASCO — El presidente sirio, Bashar Al Asad, dijo este martes que apoya el trabajo del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR), mientras sea «imparcial», en un encuentro en Damasco con el jefe de esta organización, quien solicitó mejorar el acceso a las miles de personas afectadas por la guerra.
Sobre el terreno, la violencia no daba tregua con combates en diversos frentes, en Alepo (norte del país), Hama, Homs (centro), Idleb (noroeste), Deraa (sur) y Damasco, y bombardeos del régimen sobre los bastiones insurgentes, según militantes.
Al menos 36 personas, 17 civiles, 12 soldados y siete rebeldes, murieron por la violencia, según un balance provisional del Observatorio Sirio de Derechos Humanos (OSDH).
Además de los muertos, que se cuentan por decenas cada día, más de 100.000 sirios huyeron del país en agosto para refugiarse en los países vecinos, «la cifra mensual más elevada desde el inicio del conflicto» en marzo de 2011, anunció el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) en Ginebra.
En total, unos 235.000 sirios abandonaron el país y 1,2 millones se desplazaron en el interior, albergándose en edificios públicos, desde el comienzo de la crisis desencadenada por una protesta pacífica que se transformó en rebelión armada frente a la represión.
A falta de un consenso sobre la solución del conflicto para el cual no parece haber una respuesta inmediata, la comunidad internacional se centra en la ayuda humanitaria en el país, devastado por casi 18 meses de contienda.
Durante un encuentro en Damasco, Asad dijo al nuevo presidente del CICR, Peter Maurer, que «celebraba las operaciones humanitarias desarrolladas por el Comité sobre el terreno, siempre y cuando permanecieran independientes e imparciales», según los medios oficiales.
Por su parte, Maurer celebró «la voluntad de cooperación del Gobierno sirio» y «la confianza establecida» entre Damasco y la organización, según la agencia oficial Sana. La reunión se centró en la «puesta en marcha de mecanismos necesarios para reforzar esta cooperación».
El presidente del CICR llegó el lunes a Damasco en su primera visita desde su nombramiento el pasado 1 de julio. Según el CICR, se entrevistará con otros responsables del régimen sirio.
La visita, que durará hasta el jueves, «se centrará en las crecientes necesidades humanitarias y permitirá recordar a los combatientes sus obligaciones en virtud de la convención sobre la protección de los civiles», según la portavoz del CICR en Damasco. Maurer podría efectuar una «visita sobre el terreno», dijo sin precisar más.
Maurer estimó «de gran importancia» poder reforzar «considerablemente» la acción humanitaria del CICR y de la Media Luna Roja Siria.
Desde principios de año, ambas organizaciones distribuyeron ayuda a más de 800.000 personas, la mayoría desplazados, y aseguraron el abastecimiento de agua potable, en cantidad suficiente, a más de un millón de personas.
Pero desde que la situación empeoró, el número de personas que necesitan ayuda aumentó.
Los barrios rebeldes de la ciudad de Alepo, sometida a los bombardeos de la artillería, padecen escasez de alimentos, según un militante local.
«El régimen impide que los productos alimentarios lleguen a los barrios liberados (bajo control rebelde, ndlr). Los habitantes deben introducir los productos de contrabando», afirmó este militante contactado vía Skype por AFP.
«Es un verdadero asedio, un castigo colectivo. Si el régimen pudiera privarnos del aire, lo haría», dijo.
La víspera, el general encargado de las operaciones del ejército sirio en el oeste de Alepo afirmó a AFP que las tropas regulares retomarían «de aquí a 10 días» la ciudad, escenario de combates desde hace un mes y medio.
Tras la toma del barrio estratégico de Saladino y la parte alta del de Seif al Dawla, los oficiales en el lugar afirmaron que eso facilitaría la conquista de Alepo.
Pero, según el presidente del OSDH, Rami Abdel Rahman, «no hay un control claro, ni de unos, ni de otros».
En cerca de 18 meses de revuelta, más de 26.000 personas murieron, según el OSDH.

AFP