El voto adolescente: El as bajo la manga para la re-re


El cristinismo avanza en la reducción a los 16 años de la edad en la que se puede empezar a votar. De esa forma, para los próximos comicios se garantizaría una masa de votos de una franja etaria que interpreta cautiva. Esos sufragios significarían la diferencia necesaria para conseguir la re-reelección.
Cristina Fernández largó una carcajada cuando uno de los movileros del programa ‘Caiga Quien Caiga’ le preguntó por su eventual re-reelección. La Presidente no afirmó que ese sea su anhelo. Pero tampocó lo rechazó.

Distintos sectores del cristinismo agitan la idea de una reforma constitucional para que la Carta Magna incluya «los logros de estos años». Pero no faltan quienes apoyan que esa nueva Constitución contenga una cláusula que le permita a Cristina Fernández mantenerse en el cargo más allá de 2015.

En el Congreso, el Frente para la Victoria repite que no hay proyecto oficial para cambiar la Constitución. Agustín Rossi en Diputados y Aníbal Fernández en el Senado se expresaron en ese sentido.

Pero sí avanza una idea que apuntaría a consolidar los instrumentos para despejar el camino a una modificación.

CIUDAD DE BUENOS AIRES (Urgente24). El diputado del FpV Carlos Kunkel aseguró este miércoles que el Congreso «va a aprobar» un cambio en la ley electoral que permita a los jóvenes votar a partir de los 16 años.

«Tenemos que abrir la participación masiva de los jóvenes que tanto molesta al liberalismo. Y no sé que van a hacer ahora cuando analicemos en el Congreso la posibilidad de bajar la edad del voto a los 16 años. ¿Van a hablar en contra de eso?», dijo el diputado ultracristinista.

El proyecto prevé modificar la Ley Electoral para determinar que el voto constituya un derecho y no una obligación para los jóvenes de entre 16 y 18 años, en un régimen similar al que rige para los mayores de 70 años en la actualidad.

La propuesta implica modificar el artículo 7 del Código Electoral que, a partir de la aprobación de la iniciativa, establecería que «los argentinos que hubieren cumplido la edad de dieciséis gozan de todos los derechos políticos conforme a la Constitución y a las leyes de la República».

Además, la norma sustituiría incisos de otros artículos para introducir la edad de 16 años, en lugar de la actual de 18.

En caso de aprobarse la norma, el de la Argentina no sería un caso aislado. Ya se vota a partir de esa edad en Brasil, Ecuador y Nicaragua, y lo tienen en estudio tanto Chile como el Reino Unido.

Pero el objetivo final sería el de incorporar una masa electoral en las elecciones del año próximo que le garantice al cristinismo las mayorías necesarias en ambas Cámaras para declarar la necesidad de reformar la Constitución Nacional y extender la vida del Gobierno Nacional más allás de 2015.

Y es que el Frente para la Victoria necesita por lo menos repetir el resultado obtenido en 2007 (alrededor del 46% de los votos) para garantizarse el número de legisladores necesarios en ambas Cámaras para avanzar en su anhelo re-reelecionista. El desafío estaría en la Cámara Alta, sostienen en las usinas del oficialismo, dando por descontado que en Diputados necesitarían un esfuerzo menor para alcanzar los 2/3 que hacen falta para avanzar en una reforma.

Está claro que el cristinismo cree que la franja que pretende incluir en las elecciones es un voto cautivo. Mucho ha celebrado la incorporación de «los más jóvenes» a la política. Aunque para ello haya tenido que avalar las tomas en varias escuelas de la Ciudad de Buenos Aires.

De más está decir que la campaña proselitista de La Cámpora en las escuelas secundarias está orientada a captar adhesiones que luego podrían plasmarse en votos.

La entrega de notebooks y la Asignación Universal por Hijo, que llega a cubrir a una buena parte de esa franja, también son formas en las que este universo de jóvenes da cuenta de los beneficios del «Estado» que se corporiza en la figura de la Presidente.

La oposición tiene un serio problema aquí. No podrá evitar la sanción de la ley, simplemente por una cuestión de números. Y difícilmente pueda sacarle provecho porque no se ha caracterizado por entusiasmar a ese segmento.

Tampoco resulta dificultoso imaginar en chicos de 16 años un terreno fértil para el clientelismo, ¿qué tan difícil sería tentar a un adolescente a que se acerque a votar aunque no sea obligatorio?

El cristinismo habla de extender los «derecho» de los jóvenes. Aunque parezca poco prioritario que un chico o chica de 16 años, o sea en edad escolar, pueda votar en una Argentina en el que sólo la mitad de los alumnos que comienzan la escuela secundaria lo terminan.